ESTUFAS Y LETRINAS DE MI NIÑEZ

LAS COMODIDADES HOGAREÑAS

Ya explique que poco de aparatos eléctricos. Las estufas eran en ladrillo y funcionaban con carbón y leña y cualquier objeto que ardiera como papel, cartón y ropa vieja. Por lo general tenían unas parrillas en hierro enormes con cuatro a seis huecos que se tapaban con discos del tamaño adecuado y se podían quitar y poner de acuerdo con la cocinera… es decir si la olla necesitaba más o menos calor. Al frente se encontraba una puerta que correspondía al horno incrustado dentro de la estufa. A un lado un pequeño calentador de cobre para tener agua hervida y al lado un enorme cilindro, también de cobre para almacenar el agua de los perezosos, decía mi abuelita, o sea de los que nos bañábamos con agua caliente. El humo subía por una chimenea hasta la parte alta de la casa y se perdía entre las nubes. En esa época nadie hablaba de contaminación pero según lo que se metiera a quemar muchas veces se producía un polvillo negro llamado hollín que bajaba como una maldición sobre la ropa recién lavada y ya se pueden imaginar el resto.

Los inodoros eran algo diferente a los actuales. En muchas casas solo contaban con un pozo séptico o letrina que era un hueco en la tierra tapado con una placa de madera con un hueco adecuado para depositar los desechos de la digestión. En algunas casas existían los inodoros cuya tasa era similar a las actuales pero la cisterna estaba como a dos metros de altura para que el agua bajara con presión al tirar de una cadenita. Las duchas tenían una especie de plato grande lleno de orificios para que el agua saliera en forma de lluvia. Por razones de higiene los servicios sanitarios estaban en el solar o en la parte trasera de las casas, no como ahora que muchos inodoros están junto al comedor y si entra un borracho o un amanecido  dejan sus malos aromas y se tiran la comida de los demás.

 

Como ya hable del sonido y la TV y como en esa época nada de hornos microondas, juegos de video, secadoras de pelo ni otros artilugios de la tecnología ya no les nombro nada más. Pero si les quiero hablar en el próximo capítulo del teléfono y la señora que por muchos años se encargó del único aparato del pueblo, igual que muchas otras telefonistas en Colombia y el mundo.

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