Historias de robles (7): El encendedor

En aquellos días las fáciles transacciones bancarias como las conocemos hoy no existían allá. Hasta recuerdo las veces que en sus viajes de negocios por el río, y siendo quien escribe un niño todavía, le cargaba una sucia mochila de fique con el hierro y la tinta para marcar el ganado, en la que ocultaba en su fondo fardos de billetes para pagarles en efectivo a los ganaderos y finqueros. Él, muy astutamente creía que a ningún bandido se le ocurriría pensar que a un niño se le confiaría tanto dinero contante y sonante, y tuvo razón, jamás sufrimos de ningún atraco o robo, pese a que nos paraban de vez en cuando en algunos retenes el ejército o la policía y hasta la guerrilla. ¡Una cochina mochila con hierro y tinta de marcar que manchaba de lo lindo, quién la quería tocar!

Pues bien, el finquero fue recibido por mi padre en el puerto y en su campero Nissan 4x4, que tenía en aquellos días (en el que aprendimos mis hermanos y yo a conducir), lo llevó hasta nuestra casa donde le pagó en efectivo la compra del ganado, pues el rico campesino ni cuenta bancaria tenía. Luego, para agasajarlo lo invitó  a almorzar y a conocer La Esperancita,  la finca donde pastaba el ganado comprado mientras lo enviaba al matadero, así como sus caballos que tanto lo enorgullecían.

Durante la excursión el hombre no ocultó su admiración por el moderno Nissan, que ciertamente estaba casi nuevo.

En algún momento en el campero, mientras mi padre al volante le conversaba, el campesino sacó un tabaco (cigarro rústico) de su mochila de fique. Buscó la caja de fósforos o cerillos en ésta, en los bolsillos de su camisa y después en los de su pantalón… pero no la encontraba. Mi padre advirtiendo su necesidad y con el ánimo de impresionarlo con la innovación tecnológica, le dijo que no precisaba de fósforos,  ya que el carro traía encendedor. Se lo mostró, lo obturó, un minuto después se disparó, lo desenchufó, se lo entregó, el finquero encendió su tabaco, expulsó una bocanada de humo y… ¡arrojó el encendedor por la ventanilla!

Demoraron más de quince minutos hasta que hallaron al borde de la carretera el tal accesorio metálico de los vehículos modernos  para fumadores. ¡Qué no es desechable!

Para Alfonso Carvajal Botero, el lapso de tiempo que abarcó desde finales de los años 50´s hasta la mitad de los 80´s, fue su época dorada. Pero la rueda de la vida da muchas vueltas.

 

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