LA VECINA DEL FRENTE

LA VECINA DEL FRENTE

 

Durante mucho tiempo  estuvo desocupada la casa al frente de la mía, pues la dueña de esa propiedad vive en el extranjero con hijos y nietos y, al morir su madre, decide vender esta casa porque no tiene pensado venir con frecuencia al país y los inquilinos que ha tenido le han ocasionado muchos problemas.  Así es que, cuando menos lo pensé,  llegó un señor mayor con todo y corotos que después supe que venía de la capital.  Todo normal, un señor muy amable con quien no paso del saludo.

Yo toda la vida he convivido con mi hermana menor.  Ya somos también mujeres muy mayores,  pero que jamás salimos de la casa paterna; toda nuestra vida en la misma casa.  No tenemos ya padres y jamás tuvimos hijos.  Cabe destacar la armoniosa relación tan fraternal que nos ha unido toda la vida.   Sin ser yo excesivamente simpática, es verdad que mi hermana si es un poco menos afectuosa con los vecinos y más si son desconocidos que apenas están llegando al pueblo.  Se trata de un tema de timidez más que de orgullo o vanidad.  En términos generales somos tan distintas como el agua y el aceite, mi hermana es la abnegación sin medida, el apego incondicional y yo soy todo lo contrario, cruelmente realista y de un desapego absoluto.

A los pocos días, yo noté como el vecino del frente salía todas las mañanas a barrer el andén de su casa de una manera muy particular.   Dos cosas me llamaron la atención en esa labor de este caballero, una es que todos los días lo hacía a la misma hora, más o menos a las 6:45 de la mañana y la otra es que barría y barría y volvía a barrer.  De tal manera que las dos hermanas nos burlábamos un poco del vecino del frente, puesto que ya casi le sacaba brillo al pavimento.

Siempre a la misma hora…, justamente la misma hora en que mi hermana salía a trabajar; y así empezó todo…, barrida va, barrida viene; entre tanto que mirada va mirada viene.  Así fue como empezó una relación de pareja normal y corriente en personas mayores entre mi querida hermana menor y el vecino del frente.          

El vecino del frente resultó ser un hombre decente, noble y educado; un buen hombre como dirían las abuelas.  De igual manera, también mi hermana menor ha sido y es una excelente persona además de ser una gran trabajadora.  De tal forma que, la nueva pareja parece acoplarse de un modo muy apropiado. 

Pasado algún tiempo, llega el día de organizarse dándole forma a su nuevo hogar.  Para mí no fue tan duro por mi personalidad recia, pero para ella si debe haber sido muy difícil dejar su casa de toda la vida y dejarme a mí, su compañera de siempre.   Desde ese momento jamás volvimos a hablar nosotras privadamente porque las pocas veces que ella pasaba a la casa iba con él, entonces tan solo se hablaba de generalidades.  Yo observaba calladita pero, obviamente, no tenía a quien hacérselo notar.  Sin embargo, no falta aquel que le conoce la vida a todo el mundo y va contando la vida de todo el mundo.  Estos héroes le llegan a uno sin que uno los busque. 

Entonces durante algún tiempo estuvo un constructor haciendo unas reparaciones en el segundo piso de la casa del frente. Este personaje, que se caracteriza por contar todo, lo de los demás porque lo de él si no lo cuenta; me comento ciertos episodios que pudo conocer mientras hacia su trabajo. 

 

Este hombre me comentó como los primeros días cuando mi hermana iba a pasar a nuestra casa, mía y de ella,   de manera muy cariñosa el vecino del frente se lo impedía y ella terminaba desistiendo de ir a visitarme.  Este señor me contó que ya después, cada que mi hermana tenía la intención de pasar a saludarme, el vecino del frente se enfermaba.  También me dijo el constructor que un día, cuando mi hermana iba a salir para ir a mi casa, las llaves de esa casa no aparecieron  por alguna parte.  Por último, dice el constructor, que escucho cuando el vecino del frente, muy cariñosamente le dijo a mi hermana: de ahora en adelante quiero que su hermana sea simplemente, "LA VECINA DEL FRENTE”

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