Mi música lejana y el ayer perdido (2da parte)

       Cuando la época de mi entrada en el mundo de los adultos, o sea cuando entré a trabajar a los dieciocho años, con poder adquisitivo pero sin mayoría de edad, en esos años se alcanzaba a los veintiún años, me metí de lleno a jugar billar hasta altas horas de la noche con nicotina hasta los calzoncillos, tiza azul por todas partes, los ojos rojos a causa del humo y la cabeza en otro mundo pos causa de las letras sentimentales de las canciones que molía ( y muelen) todas las máquinas de poner discos en estos sitios. Llegaba a mi habitación, me enjuagaba la boca y me desquitaba de las tristezas que llevaba en la cabeza a causa de los boleros, los tangos y las rancheras con los pocos discos clásicos de mi colección: La quinta y la novena sinfonías de Beethoven, los vals de Strauss; la 40 y 41 de Mozart y una mezcolanza que pretendía ser clásica de un señor Waldo de los Ríos que utilizaban las familias que pretendían presumir de cultas; poco a poco iba agregando acetatos a mi discoteca. Durante mi infancia en Chipaque, durante las ferias y fiestas, salía de la mano de mi abuela o de la sirvienta de la casa llamada Carmen, una indígena chibcha cien por cien, y me entraban mensajes desesperados por todos los poros de madres que se quedan solas porque los hijos marchan a la guerra y se los matan: “ eran cinco hermanos/ ella era una santa... eran cinco héroes..” que dieron la vida por la patria; un a pobreza extrema: “Mantelito blanco/ de la humilde mesa” y unas lejanías las hijuemadres para olvidar a las ingratas: “mil kilómetros he caminado buscando el olvido de un cruel sentimiento...”. En algunos toldos no eran tristezas sino bala física la que tronaba por los parlantes: “Sonaron cuatro balazos, a las dos de la mañana/ lo fui a matar en tus brazos/sabía que allí lo encontraba...” pero al tipo lo pescan y lo meten a la guandoca: “Escaleras de la cárcel, escalón por escalón/ unos suben y otros bajan a ver su resolución...” y la prisión era bien incómoda: “ de piedra a de ser la cama/ de piedra la cabecera...” y en este revuelto tan desmadrado las letras y, de pronto, los mensajes se fueron metiendo en mi psiquis y me acompañaron muchísimos años; aun hoy salgo a caminar y si suena una canción en algún sitio de mi recorrido se me disparan los mecanismos de la añoranza y, mentalmente, empiezo a cantar trozos de canciones, “ yo soy el aventurero, la vida me importa poco/ cuando una mujer me gusta, me gusta a pesar de todo...”.

        Pero no es solo la música arrabalera la que me llena de nostalgias, también los boleros, las baladas, la música bailable y, por supuesto, el rock. Es inevitable que deje de traer al presente esas malditas letras sentimentales que acompañaron mares de lágrimas propias, de mis amigotes del momento y de las niñas del grupo que frecuentaba; “ toda una vida/ me estaría contigo/ no me importa en que forma,  ni donde ni como/ pero junto a ti...”; y esas declaraciones rotundas de amor eterno cuando sale ese chorro de pasión contenida: “solamente una vez, amé en la vida/ solamente una vez, y nada más...” pero, los sentimientos se me revuelcan cuando viene la traición melódica y las acusaciones de infidelidad con los propios amigos que uno lleva a su casa y le joden la vida: “de mi propia mano lo llevé a mi casa y le dije a ella que era amigo mío...”, no joda, y el maldito se la cuadra y le vuelve mierda la vida al pobre tipo y ahí no queda el cuento porque meses, o años, no sé, otro saca una canción contando que no, que ella había sido primero su novia pero el otro se la había quitado y cuando la vio el alma se le llenó de recuerdos y como ella dio papaya pues les sobró la ropa y como la casa estaba sola...pues a la camita.

       Todo ayuda a que mi cabeza se llene de sonidos de todas las clases y géneros. Antes y ahora los señores conductores de los carros de servicio público lo primero que hacen es instalar severo equipo de sonido, vale güevo (colombianismo para decir que les importa un carajo lo que piensen los demás) que el maldito motor no funcione bien o que los frenos fallen, lo importante es que no falte la música que, para ellos es un ruidaje el malparido que lleva a los pasajeros muy cerquita del infierno. Los conductores están convencidos de que su gusto musical es compartido por los sufridos usuarios del transporte público y colocan su emisora preferida, el casete o (ahora) el CD que les agrada a un volumen del putas para que todos “gocen” durante el tiempo que dure el recorrido. Por supuesto, la mayoría de chóferes provienes de familias de escasos recursos y poca formación musical, de manera que sus gusto corresponde a lo que imponen las emisoras que escucharon durante su infancia y adolescencia y les quedó marcado para siempre. Al principio discutía con ellos para que cambiaran la emisora o el casete pero ahora hago de cuenta que voy en una máquina del tiempo y me devuelvo cuarenta  o más años al pasado cuando las ferias y fiestas de mi niñez porque, con algunas modificaciones, las letras dicen lo mismo y la música simplemente agregó instrumentos electrónicos y listo; bueno, además está ese fenómeno de moda que llaman remasterizar música que no se qué demonios significa pero entiendo que es algo así como actualizar la música para convertirla en sonidos acordes con el gusto del momento. Cuando el susodicho equipo está nuevo o bien cuidado soporta uno la tortura; lo jodido es cuando el desdichado equipo suena como los condenados en el puto infierno y lo que se escucha parece grabado en varios lugares y luego mezclado: un taller de latonería en plena labor, una balacera entre bandas de maleantes, una gritería histérica en cualquier presentación de un concierto popular, rugidos de la selva, gritos de locutor deportivo, una señora histérica en plena cantaleta al marido y... muy lejos para el oído, algunos compases identificables de uno de los corridos prohibidos que habla de una cruz de marihuana, una tumba en el monte y los liones (sic) de mi manada...

      En algún momento, entre los dieciocho y los veinte años, adquirí los rudimentos del baile y, aunque no podía lucirme en una pista como hacían muchos de mis conocidos, me defendía con la chica que me aceptaba un baile y ya no las pisaba. Primer problema superado a medias pero, ¿cómo diablos lograban la mayoría de mis amigos entablar conversación con todas las chicas que bailaban?; yo intentaba una conversación y empezaban a sudarme las manos, perdía el paso, me ruborizaba y terminaba en un enredo de los infiernos, de manera que bailaba y cerraba el hocico...punto. Como siempre, alguien trataba de auxiliarme pero nada, yo armaba unos enredos del carajo, poco a poco me fui enterando de que a una chica común y corriente de dieciséis años o poco más, le importan un soberano culo los autores clásicos de lo que sea: música, teatro, literatura, escultura, etc., etc,etc... y les encanta que les digan que tienen bonitos ojos y que donde estudias y que si tienes novio y cual es tu signo zodiacal...¿Si, de veras?, que casualidad, yo también soy Tauro ( aunque sea pura mierda), ji ji ji... yo ya te había visto, que no, que si... ja ja ja y, pensaba yo, ¿esta güevonada es el secreto para tenerlas embobadas?, me jodí, en serio, me jodí, yo intentaba esas conversaciones insulsas pero ni mierda, me aburría de lo lindo y buscaba otras soluciones más contundentes, encontrarme con otra clase de personas y en otros ambientes.

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