Sí creo en brujas

Pero en este caso era distinto. La señora era casi invisible. En la calle se le confundiría con cualquier otra. Incluso ahora, escribiendo estas líneas, no recuerdo su rostro, aunque sí me acuerdo de los demás detalles.

- Bueno, - respondí con aplomo y demostrando desde el principio mi escepticismo, - vengo a que me eche las cartas. Una amiga me insistió en que viniera, así que estoy aquí.

- Serán diez mil pesos. (Unos cinco dólares) – Dijo la señora y esperó a que desembolsara el dinero.

No lo recibió directamente, sino me indicó que dejara la plata sobre la mesa. Después, sacó el tarot y me lo entregó para que lo barajara. Después me indicó que lo partiera en tres barajas y lo pusiera sobre la mesa. Luego sacó una cantidad (creo que eran siete cartas por baraja) de encima de cada baraja y, a medida que volteaba las cartas, me decía mi pasado y mi futuro.

Cabe anotar que nada de lo que me dijo me impresionó y ya estaba mentalmente preparado para la inevitable frase de “usted está embrujado y le voy a cobrar esta vida y la otra por quitarle la maldición”. Pero de nuevo me equivocaba… por lo menos en parte.

Hubo un momento, después de sacar una carta en especial, en que la señora me miró inquisitivamente y suspendió la lectura.

- Le hicieron un trabajo. – Me dijo sin emoción alguna.

- Ajá… - Yo estaba preparado y tampoco me dejé impresionar. - ¿Qué clase de trabajo?

- Bueno… Espere un segundo… - Me miró a la cara y después me pidió que le tendiera primero mi mano derecha y luego la izquierda. Examinó ambas detenidamente con la lupa. – Le tienen mucha envidia y lo salaron… - Dudó un segundo. – También le hicieron un trabajo para dejarlo inválido… Todo ya que le tienen mucha envidia. – Repitió.

- Y ¿qué hay que hacer para limpiarme? – Hice la pregunta de turno, esperando mentalmente la respuesta de que tendría que pagarle por adelantado cuatrocientos mil pesos (doscientos dólares) y además compraría materiales, velas, etc…

- Bueno… Tráigame un paquete de diez cigarrillos marca XXXXX, nuevo; tres limones y media botella de alcohol.

Su respuesta me dejó boquiabierto. El costo de los tres ítems equivalía a la mitad de la consulta. No tuve que meditarlo mucho.

- De acuerdo. Espéreme, voy a comprarlos. – Le respondí a la señora y me levanté. Ella hizo otro tanto y me acompañó a la salida.

Ya en la calle cavilé un poco la situación. Era la primera vez que un “brujo”, de tantos de los que había hablar, no tocaba el tema del dinero. Los elementos que me pedía eran muy baratos y se conseguían en cualquier tienda...

Si me está engañando, no es muy caro el chiste; y si es en serio, es muy barato. Pensé y busqué un almacén.

Media hora más tarde estaba de nuevo en el consultorio de la “experta”. De nuevo me tocó esperar en el recibidor, ya que atendía a otra persona, esta vez una mujer madura. Cuando finalizó la sesión, me indicó con ademán familiar que entrara. Me sentó en la misma silla. Comencé a sacar y colocar sobre la mesa la media botella de alcohol, el paquete de cigarrillos y los tres limones.

- Abra el paquete de cigarrillos. – Me indicó ella, al tiempo que cogía los limones y el alcohol y los colocaba dentro de un recipiente que tenía a sus pies.

Le hice caso y lo destapé.

- Saque los cigarrillos.

Los puse sobre la mesa. La experta cogió los cigarrillos, los dividió en cinco grupos, con los que armó cinco cruces, colocando un cigarrillo sobre otro.

- Ahora saque el papel metalizado, - me dijo.

Lo saqué y coloqué sobre la mesa.

- Alíselo bien y colóquelo con la parte metálica hacia arriba.

Realicé lo que me había pedido.

- Ahora escupa sobre el papel.

- ¿Qué? – La miré sorprendido.

- Escupa sobre el papel. – Repitió con paciencia y le obedecí. – Ahora trace la cruz con la saliva.

Decidí no sobresaltarme más e hice lo indicado.

- Ahora coloque la mano derecha sobre el papel y repita después de mí. – Dijo la experta y comenzó a recitar una oración que nunca había oído, pero que era dirigida a la Virgen María.

Mientras ella rezaba, yo la miraba entre aturdido y sorprendido. ¿Cigarrillos, saliva, cruces? En ese momento ella terminó de rezar y me dirigió la palabra:

- Bueno, si es magia blanca, sentirá frío; si es negra, calor…

No alcanzó a terminar a decir esas palabras, cuando sentí como si alguien prendiese un encendedor bajo mi palma derecha. Instintivamente quise levantar la mano, pero un grito angustiado de la experta me previno:

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