Religiosidad cuántica

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Religiosidad cuántica     

Alcanzado el límite de nuestras habilidades para obtener un conocimiento empírico del mundo (nuestros cerebros de chimpancés bípedos no daban para más), la física teórica adquirió tintes cada vez más metafísicos. Especulaciones a la ligera, sin base empírica, sin evidencias científicas que las respaldasen proliferaban en las universidades y en el mundo académico especializado en ciencias: realidad cuántica, física de partículas, multiverso, teoría de las cuerdas, escenarios cosmológicos donde agujeros negros emitían radiaciones de realidad pixelada, holográfica, hacia un horizonte de sucesos que actuaba de proyector con el que amasar la realidad virtual que era nuestro universo… Los conceptos teóricos de la ciencia más avanzada ya eran indistinguibles de la magia; o de la magufada, según se mire.

            Viendo tan fructífero campo y al padecer de una pérdida constante de fieles, de un goteo que acababa repartido entre otras religiones o sectas, entre ateos o agnósticos, la Iglesia decidió adoptar la mitología en desarrollo de la teoría de las cuerdas y de la física cuántica en un acto ecuménico sin precedentes. De tal modo que el santoral, la liturgia y demás componentes religiosos empezaron a transformarse de acuerdo a los nuevos dogmas y enseñanzas. Los cantos gregorianos pasaron a ser cánticos cuánticos; y en cuanto al santoral, una nueva remesa de beatos subió a los altares. Así fue como surgió Santa Cordelaria (patrona de la teoría de las cuerdas), San Eustaquio Multiverso, San Quark del Santísimo Acelerador, San Ambrosio del Bosón, San Idelfonso de la Partícula Puñetera (también llamada de Dios). Al patrón de los animales, San Francisco de Asís, se le conservó en su puesto; pero su milagrería y recuerdo beneficiaba y conmemoraba en exclusiva al gato de Schrödinger que, como indicaba la metafísica cuántica, podía estar vivo y muerto a la vez. De modo que tan grandísimo misterio fue puesto en el lugar de la Santísima Trinidad; tras una retirada nocturna y alevosa del dogma. Pues el pobre, como misterio, mediado el paso de excesivas centurias, ya estaba muy desgastado.      

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