El mejor amigo del hombre... ¿El perro o la mujer?

Lo compramos porque era lo más próximo a un hijo. Responsabilidad en orden exponencial mucho menor a la de un vástago; mi esposa y yo, a sugerencia de mi suegra decidimos probar suerte. De por sí es una injusticia hablar de "compra" cuando para la raza, lo más prudente sería hablar de "regalo". Venía de una laya de perros fuertes, inteligentes, silenciosos, guardianes y asesinos selectivos. Lo recibimos como a una mota negra con patas y pecho desteñido en menor escala, aún mamando del dedo.Con una dieta de leche y agua fue sacando cuerpo en cosa de días. Las garrapatas crecieron más rápido que él y caminaron hasta la oreja del...

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Genio y Figura Hasta la Sepultura

Todo estaba listo, en orden perfecto sobre el escritorio. El abrehuecos a un lado de la agenda y la engrapadora. Por unos centímetros más allá, estaba el lapicero, justamente saturado con plumas y marcadores de todos los colores. Un poco más acá, todas las bandejas de entrada vacías, y las de salida repletas en documentos impresos, finamente remarcados. El monitor de la computadora sobre un brazo de metal reluciente, diagonal al teclado blanco, pegado...

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Desvaneciendo la espera

Era mi trinchera, una barricada torpemente improvisada de ramas muertas y un montón informe de hojas secas. Contemplaba el suelo a la redonda del parque, alfombrado suavemente con el cambio de temporada. Frente a mí, un árbol se despellejaba, levantando sin igual hojarasca sobre sus gruesas raíces. Al fondo, una manada de rapaces luchando por el control a pie, de una bola medio desinflada. Un poco más allá, una pareja de viejos sosteniéndose...

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La Redención de la Mujer Pública

Me acompañaban esa tare, una camisa manga larga, un blue jean medio desteñido, unas zapatillas sucias y un filoso machete amarrado al cinto. Caminaba a solas por una avenida de extraños que contemplaban atónitos mi sigiloso andar. Levantando charcos de agua sucia y lodo a cada paso, caminé entre ojos que no hacían mayor labor que la de confundirme. Metí las manos dentro de los bolsillos, el frío había aumentado considerablemente...

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Beatriz

Lo recuerdo perfectamente. Fue un Jueves por la noche. Mi mujer se había ido a una recuerdo perfectamente. Fue un Jueves por la noche. Mi mujer se había ido a una cena de empresa y David, mi hijo de seis años, dormía plácidamente desde hacía un buen rato. Era una de esas noches tediosas en que la imaginación no hace acto de presencia. Donde todo transcurre con la monotonía habitual y a uno no se le ocurre otra cosa sino aterrizar en su...

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¡Dame ese 9!

Atravesar a pie la Quinta Avenida en el corazón de Manhattan, Nueva York, puede llegar a convertirse en esa aventura que uno siempre anda buscando o, a lo peor, volverse la experiencia más confusa y esperpéntica que jamás te ocurra en este conglomerado de pasiones que se ha dado en llamar vida.Al menos eso pensé yo el día que pisé por primera vez la ‘Gran Manzana’, con ese inequívoco aire de turista timorato, disfrutando de...

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Mágica Combinación

Fuimos a la Opera. El tenía dos entradas y me sorprendió agradablemente invitándome a ir con el. Tendría que contar un par de mentirijillas en casa, pero... ¡qué más daba! Estaba coladita por el de una forma que jamas imagine podría estarlo. La combinación de estar con el y estar en la Opera era un sueño, una quimera convertida en realidad. Me gasté una pequeña fortuna en un vestido apropiado. Algo sencillo...

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Mecanógrafa de Altos Vuelos

Sentada frente a la maquina de escribir, Regina se dedicaba a aporrear las teclas, con cara de aburrimiento. Reviso rápidamente el montoncito de documentos por mecanografiar pendientes, dejando escapar un suspiro de resignación. Se miro los dedos pensando que, por lo menos, tanto teclearle servía de entrenamiento. Para que, era difícil de decir, pues no estaba planeando dedicarse a las artes marciales y a romper ladrillos con los dedos. Pero era un alivio que, al...

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La Víctima

Estaba anocheciendo, y las alargadas sombras de los robles que nos rodeaban caían sobre nosotros como si quieran engullirnos. El sendero por el que caminábamos estaba cubierto de hojas secas que crujían a medida que íbamos avanzando. Él caminaba delante, con las manos cruzadas a su espalda. Andaba con seguridad. Parecía saber exactamente hacia donde nos dirigíamos. Le deje que eligiera el lugar. Que menos podía hacer yo. Parecía...

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