Cuento increíble | Ser uno mismo...

 

 

Cuentan que en reino muy lejano, vivía un rey que amaba a todos los seres vivientes, no solo los amaban sino que dedicaba su vida a su bienestar y el mantenimiento de ellos.

 

Un día se le ocurrió que podía hacer un jardín más grande,  quería en realidad un bosque solo para él, desde los rincones más remotos le trajeron semillas de diversas plantas y árboles,  el presuntuoso empezó a escoger sector para cada uno de ellos, desde los más diversos a los más simples.  Planto, cerezos,  robles,  pinos, cafetos,  araucarias y demás árboles.  Luego siguió con orquídeas, amapolas, magnolias, margaritas, Hortensias y toda una variedad de plantas que solo pensar en su aroma y sus colores ponía de buen humor a nuestro querido rey.

 

El tiempo pasó y todas esas semillas fueron germinando y trayendo consigo las más diversas sombras y aromas exquisitos.  Transcurridos algunos años el rey se sentía complacido pero veía que las plantas perdían día a día su color y su brillo. Hasta que un buen día fue hasta el bosque y descubrió que ya no era un lugar de encanto, las plantas se quejaban y crujían. Se miraban unas con otras y murmuraban por lo bajo.  El rey sorprendido se acercó a pino y luego de una pausa le preguntó.

 

 

-¿Qué sucede que no estás tan alto y tan hermoso como siempre?

 

-   El Pino lo miro y luego agregó – Me siento mal porque no puedo dar un fruto como el manzano.

 

-  El rey confundido se acercó al manzano y le hizo nuevamente la misma pregunta a lo que este respondió apresuradamente

 

-Como quieres que sea feliz si no soy tan fuerte como el roble.

 

-Uno a uno el rey preguntaba a sus queridas plantas cuál era la razón de su presencia tan sombría y triste.

 
 

De repente en el medio del bosque divisó a lo lejos una pequeña planta, esta era pequeña y crecía brillante y radiante, al acercarse descubrió que era una orquídea pequeña, ella parecía hacer caso omiso a los demás compañeras. Esta fresca, serena y contenta.

El rey se acercó y le dijo:

 

 

-  ¿Y tú qué haces tan contenta creciendo en este bosque sombrío y casi moribundo?

 

-  Ella lo miró y sonrió, luego de desembolsar una gran sonrisa le dijo.

 

-Yo no quiero ser alguien más, cuando tú me plantaste en este lugar, pensé que lo hacías para tener una orquídea y por eso estoy aquí haciendo lo mejor posible para complacerte.

 

 

 

Pasamos toda la vida pensando en ser alguien más y muchas veces perdemos nuestro propio brillo y frescura, sabemos que la vida tiene modelos a seguir y que esos modelos muchas veces son productos de resultados anteriores.

 

Pero querido lector ten cuidado en querer parecer alguien más porque perderás tu esencia y no podrás nunca ser alto como un pino o tan fuerte como un roble.

 

Ser uno mismo lleva consigo una gran responsabilidad y la constancia de saber que a pesar de las vicisitudes,  uno puede encontrar su propio camino y ser para siempre la mejor versión de uno mismo.

 

 

 

Tu Amigo.  Andres Lacrosse

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