El día que conocí a Gambo.

El día que conocí a Gambo

Aquel se escondía inmóvil en un lugar de tierras grises, había peñascos que cortaban la luz, parecían sombras de venas caminando por el bosque, llegue allí, siguiendo el instinto natural de un bohemio inquieto, siguiendo el cántico silbido de las aves y un umbral de hojas que se cernían en el suelo al compás del tiempo, era una alfombra dorada acicalada por crujidos, adornada por paredes cinceladas en grietas, entre brazos robustos y mástiles gigantes, estaba allí, en medio de la guerra y la paz.

El sonido atronador de una campana hizo entrar en sensatez el opaco paisaje que dormía frente mío, luego, tras divisar lo que se ponía en bandeja de plata, cerré los ojos intentando dominar el afán e insonorizar el estrepito de las masas intensas por salir de la penumbra que los sometía, el educador se dispuso a otorgar un permiso vehemente obligado, casi que un destello de prejuicio absurdo entro en disimulo en aquella sala, levante mis hombros, tome mis libros, lance una mirada al reloj que solo era motivo de seguridad en la última hora, lance un dulce al aire y lo atrape haciendo un chasquido con mis dientes, estaba fuera de una cárcel.

Me reuní con uno compañeros de mi salón, no la voy muy bien con ellos, de hecho, imagino que solo me pidieron ayuda ya que no conocen el bosque, les pedí lo esencial para que observaran el ambiente gratificante que ofrecía ese color verde y las rudas gotas de lluvia, camino hacia el fondo del  bosque, Cris el de los anteojos como orejas se apresuró para observar unos tulipanes salvajes, Mauricio encontró un arbusto muy colorido con ramas puntiagudos, el idiota de Fernando piernas largas, metió la mano intentando recoger una lata de cerveza, de alguna manera, esos ineptos no parecían ser tan ciegos como lo imaginaba, de hecho sentí algo parecido al honor, pues veían la naturaleza sin tener un Smartphone en la mano.

Les enseñe el camino hasta la sima, como dije antes, les pedí lo esencial, y era justamente, atención absoluta al camino, por fortuna, hicieron caso. Fueron colina abajo mientras yo me quede a observar un rato más el firmamento, ese matiz entre el cielo y los edificios, hermoso y trágico.

Hay un camino muy especial para llegar a la ciudad de nuevo, un poco más largo, y proporcional a él, había una belleza de la que soy celoso, si mis compañeros deciden venir de nuevo, y esperan un poco más, les mostrare este enigmático y utópico camino. – Me resbale.

No fue muy dura la caída, un colchón de hojas doradas y rojas amortiguaron como plumas mi caída, una roca frente de mi cegaba la luz que atravesaba los pinos, magnifico aroma, una y otra vez mi mente se repetía mientras intentaba subir a la roca y así poder localizar el camino, un pequeño árbol me recibe. –Tan solitario está el aquí, y bueno… las probabilidades de que pueda sobrevivir son muy escasas, sus raíces solo tienen camino entre las grietas de esa inmortalizada roca, muy firme tengo que aceptar, y los gigantes rascacielos de ese bosque hacían una sombra perene, pobrecillo, has caído donde no debas, naturaleza y parece que caí justo a tu lado, estamos en un aprieto.

Tome una rama, una roca puntiaguda, y le quite ese cemento de color café, lo lleve a mi casa.

Mi madre, conmocionada por el árbol que casi tenía mi altura, me preguntó- Que haces con un árbol a tu espalda, no basta con los animales que traes del bosque con la misma escusa de siempre, no funcionará.

-Madre, que puedo decir, no tenía posibilidades de sobrevivir, un compañero no se puede dejar en el camino.

-¿Compañero? Siempre lo mismo Benjamín

-Madre, siempre serán mis compañeros.

 

 

 

 W. Benjamin Castillo P.

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