El Marinero y el capitan | Cuento corto

 

 

 

El capitán de un navío, dio una orden a su tripulación, virar al noreste para conseguir un puerto donde comprar especias, eso implicaba que se encontrarian de frente con una fuerte tormenta, así que toda la tripulación se miró de reojo, solo uno salió a decirle lo que estaba pasando.

 

Un simple marino detrás de contramaestre salió y le dijo.

 
  • Capitán esa orden es arbitraria e contradictoria - Estamos yendo a una trampa mortal

 

El capitán volvió sobre sus pasos y lo miro confundido al principio, no sabía a ciencia cierta quién era él, en el barco había mucha tripulación y hacía pocas horas había zarpado de puerto, por ello quizás se animó a preguntarle.

 
  • ¿Quién es usted?

 
  • Eso no importa- Contestó nuestro marino que ahora si tenía la atención de toda la tripulación.

 

El rostro del capitán se nublo y frunció el ceño solo para decirle.

 

-Quien te crees que eres para decirme cómo tengo que dar las órdenes en mi barco-  

 

El marinero haciendo caso omiso a lo que había dicho, le contestó.

 
  • Al noroeste se aproxima una gran tormenta, no solo podemos perecer en el mar, sino también sabiendo que nuestro barco en la proa no es tan poderoso, podemos hundirnos, no estamos preparados para afrontar ese tipo de maniobras.

 

El capitán cada vez más enojado mandó  arrestar al marino, sus guardia accedieron inmediatamente, lo llevaron a la parte más baja del barco y lo encadenaron. El hombre seguía diciendo que estaban haciendo un movimiento innecesario.

 

El capitán se fue a su recamara, trato de dormir pero fue imposible, las palabras del marino retumbaban en su mente.

 

Luego de pensarlo bien mando a virar el barco en dirección al sur, para perseguir un nuevo punto, fue una decisión justa ya que la tormenta había empezado a destilar sus primeras gotas.

 

Por la noche mientras todos dormían, la tripulación empezó a escuchar ruidos en los calabozos, ruido a música y olor a cigarros, cuando llegaron a las celdas lo encontraron al capitán con el marino, los dos comiendo, bebiendo y hablando muy armoniosamente.

 

Los tripulantes no entendieron nada pero después de ver que el capital estaba sonriendo, se alejaron también felices.

 

Cuenta la leyenda que llegaron a ser grandes amigos, siempre uno tiene que decir lo que piensa, no importa que por ello sea causa de persecución y de arresto, es mejor que vivir la vida esperando que otros tomen las decisiones por nosotros.

No te quedes callado, pelea por lo que sueñas y seguramente gracias a esa actitud, ganaras lo mejores amigos.

 
 

Tu Amigo. Andres Lacrosse

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