Homenaje a Ray Bradbury

 

Homenaje a Ray Bradbury.

 

Durante años discutí con un filósofo del otro extremo de Marte sobre cual era la cualidad más preciada de los seres conscientes. Mis ondas cerebrales atravesaban páramos, montañas y cañones comunicándole mi predilección por la curiosidad. La perseverancia, me respondía el flujo de su pensamiento después de atravesar la misma extensión.

En el año de la peste, cuando la última expedición de la Tierra nos trajo su cohete y con él la epidemia, me acerqué al tripulante que quedaba con vida con la orden de matarle. El derrumbe de nuestra civilización era un hecho irrevocable, las piras de cadáveres se amontonaban en las plazas a medio carbonizar; su fetidez inundaba el tenue aire marciano. Muchas familias se encerraban en sus casas para perecer juntas y navegar por los canales se tornó imposible. Tal era la profusión de cuerpos que flotaban en ellos.

—¿Por qué vinisteis? —le pregunté.

—Por curiosidad —me respondió desde el interior de su celda.

Entonces comprendí que únicamente la perseverancia nos permitiría sobrevivir como especie.

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