JUICIO FINAL

 

Desde su cama, a la media noche y por la ventana de su habitación, Jacobo alcanza a divisar en el infinito una inmensa multitud de seres que llama poderosamente su atención hasta el punto de hacer que, el niño curioso, se levante y se acerque para darse cuenta por sí mismo de qué se trata tal aglomeración.

Una vez en el sitio, Jacobo se confunde entre  el grupo de personas que conforman la inmensa multitud que ha llamado su atención y se percata de que se encuentra en la antesala del cielo y que toda esta afluencia de seres humanos está esperando al temido, por terrible, juicio final.  La curiosidad de Jacobo se confunde en medio de la algarabía y la histeria que se observa en este recinto.  De repente aparece una luminosa y brillante figura en el pico más alto del lugar que atrapa emocionalmente a Jacobo y que físicamente también lo agarra y lo sube hasta allí, hasta el pico más alto del lugar y lo sienta a su lado.  El bullicio termina para dar paso a una incertidumbre generalizada mezclada con una enorme angustia y un poderoso temor.

-       Hola Jacobo, yo soy el Ángel portero del cielo, ¡qué bueno que tu curiosidad te haya traído hasta aquí para que me colabores en la organización de estas filas.

-       Gracias Ángel, contesta Jacobo, estaré muy atento a todo lo que pase y estoy presto a colaborarte.

-       Bueno Jacobo a trabajar…

En seguida el Ángel se para al frente de la multitud e iluminando la estancia toma la vocería y asume la organización de este auditorio que enmudece ante la sola idea del castigo eterno, escarmiento que aquí  nadie les ha nombrado; punición que hace parte de su consciencia individual, exclusivamente.

El Ángel corre un velo que permite ver cuatro puertas muy amplias y bien marcadas así:  R, T, P, N.

Los asistentes se toman la cabeza, miran y miran expectantes las cuatro puertas.  Jacobo inocente y desconcertado observa burlón y sarcástico todo este panorama, el Ángel…, la multitud…, las puertas…, etc.; pretendiendo no perderse del más mínimo detalle.

-       Bienvenidos todos, -empieza el Ángel, la gran masa enmudece y Jacobo se concentra-.  A continuación les pido su colaboración haciendo las correspondientes filas, según haya sido   la labor desempeñada en vida por cada uno de ustedes,  frente a cada una de las puertas cuya demarcación procedemos a explicarles Jacobo y yo.

Jacobo se sorprende al escuchar al Ángel referirse a él, se siente importante, se acomoda la pinta y toma la varita mágica que éste, el Ángel,  le ofrece para dirigirse a la primera puerta, mientras que el Ángel sigue en el centro del lugar.

-       Bueno, listos todos vamos a explicar la demarcación de cada una de las puertas. 

Puerta R: por aquí ingresan todas las personas que en su vida se desempeñaron como Religiosos independientemente de la religión que cada uno haya practicado, es decir, haya sido cual haya sido su religión,  todos entran por aquí.  Después de muchas voces de protestas porque los cristianos no se quieren juntar con los judíos y viceversa; finalmente los religiosos orgullosos de su condición se aglomeran atendiendo a la orientación que les señala Jacobo con su varita, de la cual emanan rayos de luces multicolores.

Puerta T: Jacobo señala de la misma manera con su varita luminosa la demarcación de esta puerta mientras el Ángel explica.   Este es el sendero a seguir por todos aquellos que durante su vida fueron terroristas.  Pero entendiendo por terrorista a todo aquel que ha utilizado algún poder para ocasionar miedo o terror para sacar algún provecho o utilidad; es decir, aquí van ladrones, violadores, asesinos, etc.  Al parecer no hay muchos candidatos para esta clasificación, pues son unos pocos los que se acercan hasta esta puerta, o quizás si hayan muchos, pero ¡ah difícil que debe ser reconocerse como tal!.

Puerta P: ahora Jacobo se encuentra frente a esta puerta iluminándola con la luz que irradia de su varita mágica.  Esta es la vía que deben  recorrer todos aquellos que dedicaron su vida a trabajar como pacificadores y contribuyeron con esta labor a solucionar algún conflicto de la sociedad en el mundo, dice el Ángel.   Los pocos que clasifican para iniciar su camino por esta puerta asumen su recorrido en medio de una rara mezcla emocional de orgullo y humildad.

Puerta N: por esta puerta, explica el Ángel mientras Jacobo señala con su varita luminosa la insignia mencionada, entran todas las personas que no clasifican en las denominaciones anteriores.   La clasificación neutra es para todo el que llevó una vida un poco más común y sin destacarse mucho ni por bueno ni por malo.  Una gran multitud se aglomera frente a esta puerta, pues al fin y al cabo no es  tan terrible y despectiva esta última selección.

Ya están las filas formadas y cuando el Ángel está dispuesto a dar la orden de partida, Jacobo le llama su atención sobre un grupo que parece no encontrarse en ninguna de las cuatro puertas.  Atendiendo a la observación de Jacobo, el Ángel pregunta a los desadaptados: y ustedes amigos? Porque se me quedan rezagados como sin rumbo?  ¡ah! Pues esto sí es algo muy fácil de entender y tremendamente sencillo de hacer.   Ja, ja, ja, muchachos esto se trata de reconocer y aceptar aquello que hicieron durante su vida,  no es más, no tienen porque estar tan prevenidos.

 

Ante la amable incitación del Ángel, un religioso pide la palabra para justificar su duda de una manera muy discreta.

-       Yo fui un gran religioso y muy exitoso dentro de mi comunidad pero mi vida privada y mi ser interior experimentaron otra filosofía, eh,.. pues, tal vez me encuentro en otra clasificación, según las puertas…

Al ver el valor del religioso, otro personaje se anima a hablar…

-       Yo fui un gran pacificador, trabajé con mucho éxito y reconocimiento social pero también durante el ejercicio de mi vida privada hice algunas cosas que me impiden clasificarme en este grupo de privilegiados…

-       ¡bueno muchachos! Se les acabó el tiempo, qué hacemos?  Dice el Ángel.

Sin pensarlo mucho y como conectados mental y espiritualmente todos los desacomodados corren a hacer la fila de los N, es decir, neutros.

Una vez cada grupo ha pasado el umbral que le corresponde, estos seres inician un sendero tortuoso durante el cual del cielo parece llover pesadas piedras y del suelo brotar punzantes espinas.  Aun así, al terminar cada uno su recorrido todos se encuentran en una enorme e iluminada plaza, sin orden alguno; es decir que, aunque por diferentes caminos, todos han llegado al mismo sitio.  Nuevamente algarabía y bullicio, confusión e incertidumbre.

De nuevo aparecen el Ángel portero del cielo y Jacobo como los líderes que van a dirigir esta nueva etapa para estas almas, mediante una clasificación distinta.  Jacobo toma su puesto ubicándose en la primera de las tres nuevas puertas y con su varita,  listo y atento a ir señalándolas a medida que el Ángel las vaya describiendo.  Las nuevas puertas están marcadas así: B,   N,   I.

-       Bueno amigos; ante la voz del Ángel, el silencio y la incertidumbre invaden el lugar.  ¡ahora dejamos atrás cualquier otro tipo de diferencias para concentrarnos exclusivamente en estas tres.

-       Por la puerta B van a pasar todos los blancos, Jacobo señala con su varita la demarcación; es decir, todos los religiosos, terroristas, pacificadores y neutros que fueron blancos.  Murmullos y galimatías suceden a las palabras del Ángel.  Todos comienzan a hacer todo tipo de cálculos y conjeturas.

Mientras tanto el Ángel trata de continuar con la explicación.

-       Por la puerta N ingresarán todos los negros, sin tener en cuenta alguna otra condición.

También se oye mucha algazara en medio de los asistentes.

-       Por la puerta I está dispuesto que pasen todos los indígenas, simplemente indígenas y ya.

De igual manera se escucha la inconformidad, en todos los sectores, por tener que compartir su condición con ciertos tipos de personajes así sean de su misma raza.

Un religioso negro protesta inconforme con el hecho de tener que compartir su condición con un terrorista famoso que se apresta a enfilarse con los negros.  Así mismo un pacificador blanco censura el hecho de tener que ser juzgado junto a un neutro que fue incapaz de clasificarse como pacificador por las terribles violaciones sexuales que había cometido.

Una vez escuchados los cargos y los descargos, el Ángel da la orden:

-       Aunque todas las opiniones son válidas, ya es muy tarde para protestas y recriminaciones, así es que todo el mundo tome su posición y cada quien cruce la puerta correspondiente para llegar al próximo  nivel.

Nuevamente y con un poco de ilusión, cada quién se dispone a recorrer el camino que lo llevará al destino final con la inocente esperanza de que esta vez sea un poco menos duro, pero matizado con el secreto temor natural por algo tan desconocido.  Después de recorrer por distintas vías su camino, ahora mucho más duro y cruel que el anterior, todos llegan al mismo punto.  Jacobo mientras tanto se burla inocentemente de la confusión, incertidumbre y malestar general que ha ocasionado esta categorización y al mismo tiempo se prepara para continuar colaborándole al Ángel en la siguiente etapa. 

Nuevamente montonera, otra vez  tropel; ahora reina el desconcierto entre la multitud porque tan solo se pueden visualizar dos puertas marcadas con V   y  M  que nadie alcanza a descifrar o calcular que es lo que pretenden decir.

Jacobo toma su  lugar provisionado de su varita  esplendente y el Ángel se acomoda en todo el centro dispuesto a impartir las instrucciones debidas a su ya conocido auditorio.

-       Bien, -comienza el Ángel su nueva exposición- como pueden observar estamos frente a dos codificaciones únicas y universales, así que lo que es, es; porque lo que fue, fue.

-       Por la puerta V ingresan todos los varones sin tener en cuenta alguna otra categoría y por la puerta M pasan todas las mujeres indiscriminadamente.

Un religioso negro, insatisfecho con esta cerrada tipificación pero convencido y seguro de lo que fue su condición, interviene:

-        aj! Y yo donde voy? Extrañado el Ángel pregunta:

-       Como así?, esta tan fácil de atender tanto  como para entender, entonces no entiendo a que te refieres.

-       Es que Dios se equivoco conmigo, replica el religioso, yo no soy ni hombre ni mujer… entonces qué hago?

-       Pues Dios no se ha equivocado ni contigo ni con nadie, toma tu lugar.

Una mujer blanca se anima para manifestar su indignación  porque le toca la mala suerte de compartir con una religiosa indígena con quien en el pasado tuvo problemas pasionales.   Pero no hay más posibilidades; todo el mundo tiene que encontrar su lugar en una de estas dos contingencias, al fin y al cabo nuestra especie está conformada tan solo por dos seres, varón y mujer.  Y entonces cada uno atraviesa  la puerta que le corresponde y coge su camino, con la esperanza de por fin  llegar al punto definitivo.

Aunque cada sendero es más corto que los anteriores, este también, como todos los precedentes, se caracteriza por una atroz inhumanidad.

Rápidamente todos pasan a la siguiente estancia donde tan solo encuentran una puerta marcada como E   la cual ninguno consigue presagiar y mucho menos se alcanza siquiera a imaginar.

Ahora Jacobo no está al frente de la puerta porque el Ángel ha dispuesto que se ubique detrás de ella para que observe en detalle y minuciosamente lo que sucede a la llegada de cada uno de estos personajes al cielo, a la nueva y última etapa de este drástico recorrido hacia su descanso definitivo.

El Ángel toma la palabra para explicar esta siguiente y última fase de este singular e indeseado, pero seguro y general,  proceso.

-       Pues como todos ya se dieron cuenta, aquí tan solo hay una puerta por la cual debe pasar todos, no hay más posibilidades.  El objetivo de este símbolo es representar una característica común a todos los Seres Humanos, esa misma condición es la que los ha llevado a hacer este recorrido hasta aquí de manera tan desalmada.  A  juicio de su consciencia interna, se reconozca o  no y se acepte o  no, esto quiere decir envidia… ¡E! … 

El desconcierto es general, llantos, alaridos, manos en la cabeza, la desesperación y el pánico hacen presa de todos y cada uno de quienes allí se encuentran.  Nadie quiere aceptar ni mucho menos reconocer que ha padecido esta humillante y devastadora condición durante su vida material.  Sin embargo y a pesar del espanto y la vergüenza  que provoca a todos el saberse e identificarse como envidiosos, cada uno va pasando cabizbajo y temeroso aquel terrible porche marcado como E

Mientras tanto Jacobo disfruta del cielo; ¡sí, así se lo describió el Ángel!.   Tanto se está gozando este cielo Jacobo que se ha olvidado de la misión encomendada por el Ángel portero del cielo y que es la de observar minuciosamente lo que sucede a la llegada de cada uno de estos Seres  allí.   Pero una vez recuperado de su emoción inicial de disfrutar de la luminiscencia, la avenencia y la plétora de Dios, Jacobo asume su misión de inspeccionar lo que sucede con cada alma que llega al cielo.

Asombro y regocijo; sorpresa y admiración paralizan a Jacobo al observar el indescriptible espectáculo que esta presenciando…

-       ¡aj! Si,  es v e r d a d  cada  uno  es  a b s o r b i d o por Dios; ¡oh! Si es así mismito como me lo dijo el Ángel, todos entran a ser p a r t e  de Dios… uf, uf,  que alegría, Dios no difiere entre negros o blancos, Dios no discrimina entre  buenos y malos, para Dios no hay distinción entre la mujer y el varón…

 

El reloj despertador anuncia que es ya la hora de levantarse para ir al colegio sacando  a Jacobo del placentero y revelador sueño que acaba de vivir. 

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