La Línea de Shepir

Shephir era un pequeño duende que apenas tenía unas horas de vida, ustedes saben que los duendes caminan ya a los 10 segundos de materializarse (porque nacer, nacer..., ellos no nacen, se materializan...), tenia los ojos color violeta, lo que delataba el deseo que lo convirtió en materia. Los demás duendes del sub-horizonte lo vieron aparecer tragándose un círculo de viento que le servía de primer alimento, no dijeron nada, generalmente no dicen nada, solo esperan que el deseo no sea tan fuerte como para permitir que el nuevo duende se haga realidad; pero lastimosamente si lo fue, Shephir terminó aterializándose y navegando en el viento contaminado que lo vio aparecer.

Los duendes no necesitan hablarse cuando se materializan, ellos aprenden de todos los que un día cruzaron por los vientos, les queda su esencia pegada al aire y de allí aprenden experiencias cien veces vividas. Por lógica cada duende debería ser mas inteligente que el anterior, pero los duendes nunca fueron lógicos y, además, su fuerza y naturaleza la obtienen de la fuerza del deseo que los materializó ,cuando el deseo se pierde, la fuerza también y ellos olvidan, el día que olvidan todo completamente desaparecen; pero muchos viven ya no de deseos, sino de vagas ilusiones.

El martirio de la vida de un duende es el deseo humano, por él se materializan y por él desaparecen. Los ojos violeta de Shephir delataban su deseo de amor, el humano que lo materializó buscaba el amor, el amor perfecto, deseaba encontrarlo con toda su alma. Tanto lo deseaba que creó, sin saberlo, un duende para que se lo cumpla. Tontos humanos..., si sus deseos perduraran lo tendrían todo..., pero sus ansias duran muy poco.

Shephir buscó la manera de cumplir el deseo que lo había materializado, extraño duende..., se preocupaba por su "materializador", un día tuve que explicarle que si cumplía el deseo que tanto buscaba, él desaparecería... Shephir me miró desconcertado, no entendía (me dijo) porqué debería dejar de buscar el amor que lo llevó al sub-horizonte..., por eso estaba allí, y lo cumpliría para irse... Le aprecié, era un extraño duende, pues por lo menos tenía una meta.

Yo también tenía los ojos violeta..., pero no tenía fuerzas..., mi humano creador había olvidado su deseo hace mucho tiempo, no deseaba complacerlo a él, pero sí ayudar a Shephir..., y lo hice, le dije donde encontrar a mi "humano creador", por suerte cumplía los requisitos del suyo, así que decidió actuar... Un instante vino a despedirse, el se iría, había cumplido su objetivo, estaba orgulloso y yo con él. De pronto lo envidié, pero ya no tenía fuerzas... Shephir se fue, como llegó, entre el aire, espero que otros lleguen y cumplan por lo que vinieron, yo no supe, no quise ver lo que Shephir vio, la línea que dividió mi soledad y su esperanza, desde ase día llamo a esa línea "La línea de Shephir"...

FIN

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