Una señal del más allá (III)

Ir a: Una señal del más allá (II) Con propósito científico intentó Emilio encontrar la manera de comprobar su hipótesis. De demostrar el más allá y la escisión de cuerpo y alma. Pero el intento, lejos de demostrar alguna cosa, acrecentaba la complicada empresa con la carga de las nuevas teorías que generaba. Definitivamente el acceso al conocimiento de lo sobrenatural era inviolable. Aunque imaginaba que una nítida ruptura entre el cuerpo y el espíritu se daba en el momento de la muerte, concebía la idea de que existieran antes momentos de separación entre el alma y la materia. Y le proponía a Adriana ejercicios como...

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Una señal del más allá (II)

Ir a: Una señal del más allá (I) Emilio entendía que el cuerpo es mortal y se desgasta, pero algo hay dentro impávido ante el tiempo. Imaginaba que iba de paso hacia un mundo mejor y sin afanes. Suficiente acicate para soportar lo que llegara. No imaginaba en el más allá tormentos, como los que aseguran los predicadores puritanos que arengan en nombre de un dios vengador que ni conocen. No, el suyo era un paraíso, en una existencia...

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Ama de casa

Esa noche, cuando por fin pudo recostarse y descansar su adolorida espalda, Ana sintió también una punzada atravesándole el alma. Hoy, había cumplido 43 años de edad y como todos los años Matías, su esposo, lo olvidó por completo. Humberto, el mayor de sus hijos, bajó a la cocina por la mañana con gran rapidez atropellando en su loca carrera a todos los que se ponían enfrente, engulló con voracidad un...

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Una señal del más allá

Emilio no había podido desentrañar el sentido de la vida... y decidió adentrase en el conocimiento de la muerte. Bueno, más que en el entendimiento del sencillo proceso de morir, buscaba la comprensión del más allá, adelantarse a lo que tarde o temprano le depararía el destino. Deliberadamente había descuidado su cuerpo. Ni su salud ni su aspecto eran motivo de mayor preocupación. Lo atribuía al rechazo de...

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Emancipación

Cada noche llegaba a casa agotada, con el ceño fruncido, un gesto de desolación en el rostro y el alma enferma por tantas desgracias presenciadas. Ese empleo como trabajadora social estaba mermando sus fuerzas irremediablemente. Todos los días llegaban hasta ella decenas  de llamadas con denuncias de todo tipo que no hacían más que llenarla de impotencia y sufrimiento. Pero al mismo tiempo, sentía que su esfuerzo era necesario, vital para...

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La Ciudad de Hierro y El Bobo

Una de las llamadas ciudades de hierro, que visitaban la ciudad con intervalos de cinco o seis meses, llegó con la novedad del martillo, un artilugio consistente en una enorme T cuya vertical era un eje fijo a la tierra y la horizontal llevaba en cada punta una cabina. Cada una de estas podía albergar dos personas, relativamente cómodas, en un espacio herméticamente sellado. La persona quedaba sentada y sujetada con un cinturón que el encargado del aparato...

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Nicolás donde Gladys

Mi amigo Nicolás (a quien llamábamos Colacho), no tomaba con mucha frecuencia pero, cuando lo hacía, siempre dejaba alguna historia para que en los días siguientes nos burláramos de él… eso no era sólo con este muchacho; nadie se escapaba de las burlas y bromas de escarnio en toda la semana siguiente a las borracheras, y es que no era el único que la embarraba con tragos, todos teníamos nuestras cuentas pendientes con la...

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Me invitaron a comer

Esta historia me pertenece y es cierta cien por ciento. Ocurrió durante una época en que cinco muchachos permanecíamos más en el municipio de Mosquera que en Facatativá. En la hacienda Casablanca, celebraron una tremenda fiesta a la cual asistimos y amanecimos, sin avisar a nuestros padres. Al amanecer nos invitaron a tomar leche fresca en el establo y como era un detalle bien curioso bajamos. Las vacas estaban alineadas culo frente a culo en los...

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El hombre del café

Él no estaba consciente de eso, pero esa tarde al entrar a aquel pequeño café cerca de la estación del metro, algo le trajo un recuerdo a la mente. Algo que no quería recordar. Buscó en su raído pantalón de lona, que algún día fue azul, sus últimas monedas, rogando que al menos le alcanzara para una taza de café. La estaba necesitando. Abrió su pequeño teléfono celular rojo para ver la...

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