La Ciudad de Hierro y El Bobo

Una de las llamadas ciudades de hierro, que visitaban la ciudad con intervalos de cinco o seis meses, llegó con la novedad del martillo, un artilugio consistente en una enorme T cuya vertical era un eje fijo a la tierra y la horizontal llevaba en cada punta una cabina. Cada una de estas podía albergar dos personas, relativamente cómodas, en un espacio herméticamente sellado. La persona quedaba sentada y sujetada con un cinturón que el encargado del aparato se encargaba de sellar para evitar que en una de las vueltas y revueltas el pasajero se golpeara contra el techo o las paredes porque la cabina daba vueltas sobre sí misma mientras el eje horizontal dejaba de ser horizontal y a veces giraba...

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Nicolás donde Gladys

Mi amigo Nicolás (a quien llamábamos Colacho), no tomaba con mucha frecuencia pero, cuando lo hacía, siempre dejaba alguna historia para que en los días siguientes nos burláramos de él… eso no era sólo con este muchacho; nadie se escapaba de las burlas y bromas de escarnio en toda la semana siguiente a las borracheras, y es que no era el único que la embarraba con tragos, todos teníamos nuestras cuentas pendientes con la...

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Me invitaron a comer

Esta historia me pertenece y es cierta cien por ciento. Ocurrió durante una época en que cinco muchachos permanecíamos más en el municipio de Mosquera que en Facatativá. En la hacienda Casablanca, celebraron una tremenda fiesta a la cual asistimos y amanecimos, sin avisar a nuestros padres. Al amanecer nos invitaron a tomar leche fresca en el establo y como era un detalle bien curioso bajamos. Las vacas estaban alineadas culo frente a culo en los...

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El hombre del café

Él no estaba consciente de eso, pero esa tarde al entrar a aquel pequeño café cerca de la estación del metro, algo le trajo un recuerdo a la mente. Algo que no quería recordar. Buscó en su raído pantalón de lona, que algún día fue azul, sus últimas monedas, rogando que al menos le alcanzara para una taza de café. La estaba necesitando. Abrió su pequeño teléfono celular rojo para ver la...

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Poeta

Escribía con toda el alma, entregaba el corazón en cada letra. Sentía que a medida que los versos brotaban de su pluma vivía con mayor intensidad, que tocaba el cielo con los dedos. Se manchaba las manos de tinta que luego le costaba mucho trabajo limpiar. Pero no le importaba. Cada vez que le pagaban su sueldo en la tienda, lo primero que hacía era comprar bolígrafos y papel. Claro, él sabía que existían las máquinas...

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Gotas de lluvia

Le gustaba contemplar el paisaje urbano debajo del puente en el centro de la ciudad. No había gran cosa que ver: mucho concreto, automóviles en todas partes, semáforos que cambiaban sus luces insistentemente provocando la ira de los conductores que debían frenar ante la luz roja que detenía sus vidas apresuradas unos segundos. Indiferencia, lejanía,  injusticia y dolor. Eso es todo lo que había debajo de ese sol rabioso que castigaba la...

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Mi hija y mi sobrino son hermanos

Hace unos días estuve a punto de suicidio, hoy cambié de idea, lo que quiero es matar a un maldito que estuvo metido varios años en mi vida y a quien coloqué en un pedestal como si fuera un santo… o un héroe: el descastado de mi marido. Cuando mi hijo estaba por cumplir los dos años, ese que esa mi esposo me convenció de la necesidad de viajar a otro país, a buscar mejores oportunidades de trabajo, por el bien de los tres; le...

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La garza y el toro

La tarde en la dehesa es luminosa. El dorado reflejo de las palmeras, que recorren el camino hasta el cortijo, amenaza quemarlas con su brillo. El sol manifiesta el amarillo de la siembra ya recogida. Serán las ocho de la tarde y a esa hora donde se está bien es en la mancha de encinas, junto al abrevadero y pegada al camino. En ese momento pasean las señoras de los alrededores, con su caminar rápido y sus zapatillas ligeras. Ellas siempre pasan andando y...

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Inés y la pintura celestial

Siempre que me encuentro en medio de situaciones difíciles recuerdo con peculiar nostalgia aquel día en que sintiéndome abrumada por completo debido a los problemas familiares, económicos y personales, que cayeron sobre mí como una avalancha, cosía prácticamente con impotencia las prendas que debía confeccionar por encargo. Labor que no realizaba normalmente pero que, dadas las circunstancias y las deudas por pagar, no me había...

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