EL GRIMORIO POST MORTEM

La hechicería suele respetar los intervalos espirituales, el tiempo preciso que necesita un espíritu para cruzar de un plano a otro, se requiere una cantidad enorme de energía vital, sobras de lo que fue la persona y que dejarán muestra de quién será una vez más al retomar un cuerpo.

La necromancia, es un arte poco común dentro de los practicantes de la magia, casi nadie se atreve a mantener contacto tan constante con las vísceras de los muertos o entablar conexión con sus espíritus, los cadáveres les resultan escatológicos e incómodos a la vista, la muerte para la mayoría de los seres humanos resulta inquietante.

Durante esa noche de octubre estaba esa hechicera, la de cabellos rojizos recogido en moño por un lápiz, paseando por el cementerio, colgaba en su brazo derecho un caldero de tamaño medio, llevaba abrazado un cuaderno de notas en el izquierdo y un morral de cuero negro, mientras miraba con cuidado los nombres de las lápidas, Julio Fernández, Von Schmidt, Alexa Brown, Selene Jones, pasaba su dedo por las láminas de mármol decidiendo cuál sería el indicado.

Esa noche la enigmática mujer tenía interés en contactar con una entidad, era parte de un ritual que realizaba anualmente, se sentó sobre el césped frente al mármol que tenía el nombre Von Schmidt, sacó de su morral un par de espejos, otro par de velas, rodeó el lugar con cuarzos violetas y comenzó a posicionar los espejos mirándose entre sí en el medio colocó la vela y a su lateral estaba la lápida.

La hechicera encendió la vela, se sentó frente a ella al otro lateral del túnel de espejos, la llama creció luego de que susurrara unas palabras, de forma inaudita cada cuarzo comenzó a brillar con cada vez más intensidad, ella lejos alarmarse se sonrió era un ritual con el que estaba familiarizada, mientras el fuego de la vela seguía creciendo más y más soltó el lápiz de su cabello, cayó sobre el suelo dado a que era una cabellera larga y ondulada, y tomó su cuaderno de notas mientras entornó sus ojos frente al espejo.

En los espejos se comenzó a formar una figura, un caballero, la sonrisa en los labios de la mujer no desapareció, parecía complacida, la sombra en los espejos se fue incrementando aún más, la entidad que comenzaba materializarse.

Una vez del tamaño de un hombre de 1.80 de altura, la entidad miró con ojos blancuzcos a la mujer. -¿Por qué me has invocado y quién eres?- dijo tan bajo el hombre que parecía que la brisa había soplado.

-Mi nombre es Darey, te he invocado esta noche de octubre porque como cada año quiero reseñar una vida en mi grimorio post mortem, espero no te moleste.

La entidad que flotaba entre los espejos y por encima de la llama que le hacía sombra y le daba profundidad, miró con recelo a la hechicera.

-Con que un grimorio post mortem- afirmó mirando el cuaderno sobre las piernas de la hechicera, pero enseguida miró hacia los lados sabía que incluso para los no vivos había peligros, entidades aún más fuertes y oscuras, las sombras, así se les conocía.

La hechicera también miró a sus lados, ciertamente había una figura tenebrosa, oscura y apenas visible – ¡Oh! descuida pude preveer eso también- las sombras se acercaron y recibieron una corriente energética que le impidió avanzar.

El hombre asintió y correspondió la sonrisa de la chica – Veo que eres prevenida, mi nombre es Von Schimidt, pero creo que eso ya lo sabes, nací en agosto de 1825, para la época me dedicaba a los viñedos…

La chica anotaba con detalle cada palabra que dictaba el hombre de 1825, narraba con detalle su trabajo, su familia, sus amores, esa era la parte favorita de la hechicera que había tenido una vida solitaria y problemática en el amor, y finalmente narraba con detalles lo que lo llevó a cruzar el umbral de la muerte.

Llegado un momento intercambiaron detalles de sus vidas, realmente era como si los años, las décadas, los siglos no separaran ciertas cualidades que con el tiempo desarrollaran lo que parecía una amistad.

Había sido una noche tan interesante que había creado mucha más curiosidad por saber de la vida de Von, una noche no era suficiente para conocer los detalles. Ya para horas de la madrugada, cuando comenzaban a destellar los rayos solares la entidad de nombre Von se fue desvaneciendo dejando un apenas un bagazo de vela y la promesa de reencontrarse el año entrante.

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