La entrada al Mundo de las Entidades

El Mundo de las Entidades era un lugar oscuro y suntuoso, el cual parecía estar cubierto por una noche eterna a pesar de que su ubicación se hallaba justo en medio del interior de un enorme asteroide que deambulaba por el Espacio.

Justo allí había llegado Carolina, una mujer de apariencia jovial y cuyo espíritu yacía flotando en el interior del asteroide, mientras esperaba la señal para pasar al Mundo de las Entidades, el cual era protegido por dos enormes criaturas, cubiertas con sendos mantos negros y con una especie de hachas afiladas cada una, trancando el paso.

El espíritu de Carolina se mantuvo allí, quieto, esperando a que le indicaran que podía ingresar. Transcurridos unos minutos, una de las enormes figuras se movió en dirección a ella, la señaló con su arma y dijo con una voz potente y que retumbó en el lugar:

-Puedes entrar.

A continuación, ambas figuras quitaron sus enormes armas de la puerta y al abrirlas, el espíritu de Carolina observó que se trataba de unas largas y profundas escaleras que bajaban hasta una completa oscuridad.

De a poco, fue bajando los escalones de a uno hasta que se encontró en la mitad con un descanso de tres metros de largo aproximadamente. El lugar yacía oscuro y solo parecía tener luz el sitio en el cual se encontraba pisando en ese momento.

Con temor, dio un paso más y se encontró en el borde un precipicio que parecía no tener un final aparentemente claro.

-Bienvenida- dijo entonces una voz igual de potente que las de los cuidadores de la puerta, pero a todas leguas femenina.

El espíritu de Carolina comenzó a buscar, atemorizada, hacia el lugar del que provenía la voz, pero era en vano. Parecía estar sola en aquel sitio.

Dime, Carolina- soltó la voz de nuevo.

En ese momento, un haz de luz iluminó todo a su alrededor y entonces, el espíritu blancuzco de Carolina logró observarlo. No tenía un cuerpo físico, pero un par de ojos blancos se dibujaban en medio de las miles de luces de colores que resplandecían en el lugar.

-¿S-sí?- preguntó ella asustada.

-¿Has sido una buena persona?- preguntó entonces el ente que se había aparecido ante ella.

Carolina la observó en silencio, no sabía a ciencia cierta si todo lo que había hecho en su vida sería considerado “bueno”, así que simplemente se encogió de hombros, totalmente dubitativa.

-No lo sé…- respondió en apenas un hilo de voz.

La entidad pareció sonreír, o al menos, eso fue lo que le pareció a Carolina.

-Hagamos algo, veamos tu vida- dijo.

Y a continuación, apareció de la nada una especie de pantalla que proyectaba la vida de Carolina desde su nacimiento, y cada una de las etapas más importantes de su vida. Solo momentos cumbres, como escogidos con pinzas.

-Si determino al final que has sido buena, el camino te dará más escaleras hasta que llegues al sitio de descanso para las almas, si por el contrario, determino que no fuiste buena, sino mala persona entonces deberás dar un paso más y caer al infinito pozo de las almas en pena, donde serás limpiada y reencarnarás en alguien nuevo y tendrás otra oportunidad- dijo el ente con voz firme.

-¿Cómo lo sabré?- preguntó Carolina.

El video dejó de emitirse y la entidad desapareció mientras decía:

-Suerte…

Carolina permaneció en la más completa oscuridad unos segundos hasta que entonces sintió un temblor en el mismo lugar en que se encontraba. El espacio se iluminó y unas escaleras se dibujaron al final del descanso.

Carolina comenzó a bajar hasta que la entidad se apareció frente a ella. Ya no era un haz de luces de colores sino tenía un cuerpo definido. Era extremadamente delgada, pero con pequeñas curvas en su cuerpo, sus cabellos eran de diversos colores y sus ojos, blancos, sonrieron al verla allí.

-Muy bien, Carolina. Llegaste al sitio eterno de descanso- dijo.

-¿Cómo dijo?- preguntó Carolina, observando a su alrededor y observando un sitio totalmente iluminado, lleno de comodidades y de gemas de todos los tamaños que resplandecían.

-Has ingresado al Mundo de las Entidades, un sitio dedicado a aquellas almas que han hecho actos positivos para la vida- respondió la entidad.

-¿Y, quién es usted?- preguntó Carolina, con mucha más duda y nerviosismo en su voz.

La entidad sonrió antes de decir:

-Me llamo Iris y soy la protectora de este mundo.

Carolina la observó sorprendida, después de todo si existía la Diosa Iris y era la encargada ni más, ni menos de cuidar el Mundo de las Entidades. Era sorprendente y alocado, como sacado de sus mejores sueños de la infancia.

Iris, la protectora de aquel lugar volvió a hablar y su voz impregnó el lugar:

-Dime Carolina, ¿te gustaría vivir otra aventura o prefieres descansar por un tiempo y luego activarte de nuevo?

Carolina no supo qué decir, solo sintió la adrenalina recorrer de nuevo su cuerpo fantasmal y con una sonrisa dijo:

-Estoy lista para otra aventura, fue un placer conocerla, Diosa Iris.

Y así, la Diosa Iris tomó las manos fantasmales de Carolina y con un pequeño soplido la empujó a través de un pequeño hoyo azul marino que condujo su espíritu a un viaje del cual no regresaría sino hasta dentro de muchísimo tiempo.

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