La deshumanización en la salud, consideraciones de un protagonista (10)

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El personal de salud en una encrucijada

Los profesionales de la salud están en la mira de pacientes, instituciones y auditores, y por el mismo motivo pueden ser héroes para unos y culpables para otros. ¿Pero es el personal de salud tan desalmado como para propiciar o transigir con los males que estoy considerando?

Definitivamente no.

Aunque es corriente que se advierta la deshumanización de la más noble de las profesiones, y con ella la de toda la asistencia sanitaria, se comprende que la aberración no suele ser del individuo sino del sistema. Se reconoce que los trabajadores de la salud son presa de penalidades, y que los males que afectan la atención de sus pacientes también a ellos los cobijan. La pérdida de humanidad es  generalizada, la asistencia sanitaria apenas la refleja. La falta de sensibilidad se expande, y va tocando a todo ser humano, por igual se causa y se padece.

Definitivamente en la asistencia se acrecentó la técnica, en la vida laboral la productividad y en ambas la humanidad se vino a menos. Y el trabajador de la salud terminó inmerso en esos mundos críticos, en medio de una encrucijada. De una parte como agente de la atención no compasiva y de otro como receptor de la indolencia laboral. En papeles simultáneos de víctima y villano. Situación desquiciadora que lo lleva a abatirse como a endurecerse y a desarrollar enfermedades somáticas como mentales. A quemarse en un desgaste psicofísico plenamente conocido: el “burnout”, síndrome paradójico en que el oficio de curar termina enfermando a quien lo ejerce. El trabajador de la salud no es una máquina que pueda producir sin tregua, tampoco un medio para que las empresas se enriquezcan. Como ser humano, en nada difiere de un enfermo. Puede incluso ser más vulnerable, abocado a su propio sufrimiento y al sufrimiento ajeno.

A la tensión propia de su misión, se suman las exigencias laborales, el porvenir incierto, los roces y rivalidades con el quipo de trabajo, en un círculo vicioso en que todos los efectos negativos se refuerzan.  Entorno de yerros, de equívocos, de comportamientos inconscientes y hasta deliberados en que puede sobrevenir la deslealtad, el egoísmo, las desaprobaciones, el encubrimiento, los comentarios imprudentes y las afirmaciones temerarias. Una constelación de factores crónicos y perniciosos, que terminan por trastornar la salud del personal sanitario.

Física y emocionalmente agotados, los trabajadores de la salud llegan a no encontrar  satisfacción -sino frustración- en su trabajo. El optimismo  y vigor del profesional recién egresado, corre el riesgo de transformarse  en apatía y desánimo, en vulnerabilidad extrema frente al sufrimiento del paciente o en actitudes insensibles y despreocupadas.

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Luis María Murillo Sarmiento M.D.La deshumanización en la salud, consideraciones de un protagonista
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