La deshumanización en la salud, consideraciones de un protagonista (11)

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El trabajo sanitario: fuente de alegrías y de desgracias - Un vistazo al ‘Burnout’ y sus remedios

El trabajo puede ser una fortuna, pero también una tortura; es una necesidad, también una molestia. El trabajo excedido y en condiciones inapropiadas enferma a quien lo desempeña.

Ya en la séptima década del siglo pasado la psicóloga social Cristina Maslach y el psicólogo norteamericano Herbert Freudenberger encaminaron sus esfuerzos al estudio de los efectos del estrés en el trabajo. El resultado fue la descripción de un síndrome de desgaste profesional que se denominó “burnout”.

“Burnout: The high cost of high achievement” es el título del libro en el que Freudenberger aborda los fenómenos del síndrome, un padecimiento resultante de un trabajo sin compensaciones personales, al que el personal de salud contribuye con una buena proporción de casos.

El cansancio o agotamiento emocional,  la despersonalización o deshumanización y la insatisfacción personal son los aspectos fundamentales que lo caracterizan, y que se traducen en síntomas psicosomáticos y enfermedades como la hipertensión arterial, la gastritis, el colon irritable; trastornos mentales y del comportamiento como ansiedad, irritabilidad, conductas cínicas, insensibles, agresivas, alcoholismo y dependencias de diverso origen; y una percepción absolutamente negativa del trabajo, advertido como causa de las frustraciones personales.

Un desencanto absoluto a cuanto de él se espera. Esto, para presentar en una exposición sucinta un síndrome que, aunque padecido por el trabajador, esparce en la organización y en los pacientes sus secuelas. ¿Cómo explicar que a causa del trabajo una persona se desquicie? ¿Cómo entender la paradoja de un profesional de la salud arrinconado por males ‘iatrogénicos’? Basta un vistazo a los factores para entender que este aparente despropósito no es inconcebible.

El universo platónico del estudiante suelen desvanecerse cuando choca con el mundo laboral. A las aflicciones propias de la consecución de empleo y de la aceptación de contratos que distan de lo deseado, se van sumando infinidad de ingredientes que pueden minar su resistencia y destruir sus ideales. ¿De dónde proceden en el caso del trabajador de salud las acechanzas?

De las causas arriba mencionadas, pero también, y en gran medida, del entorno, entendiendo con ello el ambiente laboral y el familiar.  Provienen del trabajo excesivo que físicamente agota, y emocionalmente desgasta porque tiene sobre sus hombros el cuidado de la vida humana, que exige más que cualquier otra actividad la obligación de escapar de los errores. De las exigencia de cumplir indicadores que miden más cantidad que calidad, de atender más pacientes en igual o menor tiempo, de llenar papelería innecesaria y asumir tareas secretariales, por ejemplo, a lo que se suma la falta de reconocimientos y la coacción de las sanciones, la sombra del error asistencial, la desconfianza institucional y el exceso de control, los roces laborales con jefes y miembros del equipo de trabajo, y las quejas del paciente que con o sin razón demanda más calidad de la asistencia y culpa a quien lo atiende, sin comprender que muchas veces es otras víctima de las fallas del sistema.

La remuneración suele encabezar la lista de las frustraciones, pero entendida como una relación entre la retribución y el trabajo, toca hacer responsables de sus insatisfacciones a las entidades contratantes como a los empleados. Es cierto que cuando escasea el empleo el trabajador se ve obligado a resignar sus aspiraciones salariales y a firmar contratos sin examinar los pros y los contras de la contratación, pero no siempre éste es el motivo. Muchos trabajadores se someten a empleos distantes en medio de un tráfico caótico y a cargas asistenciales desmedidas a cambio de ingresos lucrativos; con más prudencia, otros sacrifican la ganancia en pos de tranquilidad y bienestar.

Un punto de equilibrio ha de buscarse entre la necesidad y la ambición. Al deslumbramiento de las altas remuneraciones deben anteponerse factores como la estabilidad, la seguridad social y el ambiente laboral. No siempre el trabajador de la salud toma las mejores decisiones. Una  remuneración justa es difícil de definir en términos matemáticos, pero no erraré si afirmo que debe ser proporcional a la responsabilidad y debe permitir  vivir con dignidad.  En pocos lustros las condiciones laborales del trabajador de la salud en Colombia han cambiado en forma significativa.

La carga prestacional, cuyo peso no podemos desconocer, ha llevado a tipos de contratación que rehúyen el vínculo con el trabajador. De los contratos laborales estables y con todo tipo de prestaciones se ha pasado a los contratos de prestación de servicios, que dejan a cargo del contratista la seguridad social que antes se distribuía entre el patrón y el empleado. Y que han llevado a que los trabajadores prescindan de incapacidades médicas y vacaciones para no poner en riesgo la vinculación ni alterar sus ingresos.

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