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Escribir es ir en busca del tiempo perdido Imprimir E-Mail
(5 votos)
escrito por Miguel Paez   
lunes, 20 de octubre de 2008
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Si preguntáramos qué relación existe entre Combray e Ibagué, la respuesta sería que aparentemente ninguna. Combray es la ciudad que Marcel Proust idealizó en su primera novela, “Por el camino de Swann”. Con ella el escritor francés reveló que la escritura literaria es una búsqueda de lo perdido en la infancia. Ibagué, un punto más en el universo, fue el lugar donde viví la infancia y en la que imaginé mi primera novela, esa de la que apenas hay unos esbozos en mi relato “Agua y aceite”.

Ambas ciudades representan los recuerdos de niñez de dos seres perdidos en el laberinto del tiempo. Proust logró recobrarlo a través de su obra, suficientemente conocida. En mi caso, el esfuerzo infantil por escribir una novela con los elementos que me ofrecía la realidad de niño de clase baja en una ciudad intrascendente, es el impulso que aún me mueve a persistir en la literatura. Porque escribir es ir en busca de esos recuerdos, como lo hicieron Rulfo con Comala o García Márquez con Macondo. Como hoy todavía lo hacen Abad Faciolince con Angosta o Mario Mendoza con la Bogotá llena de historias macabras. Combray o Ibagué, Angosta o Bogotá, todas representan la idea de ciudad que un individuo elabora con los recuerdos de la infancia.

El tiempo es el gran misterio del universo. Él mismo nos va enseñando que la única manera de recuperarlo es precisamente haciendo literatura, por ser ella el mecanismo a través del cual el hombre embellece la filosofía, y porque como proponía el idealismo alemán, el mundo objetivo no tiene valor sino gracias a como el hombre lo representa en su pensar y en su sentir. Escribir es hacer conscientes esos elementos y aventurarse a buscar el tiempo perdido. Germán Espinosa va más allá al afirmar que lo que nos mueve a escribir es un deseo inconsciente de venganza, sobre todo de vengar la niñez. A lo mejor toda la literatura no sea más que la manera de recobrar la memoria de la infancia, ya sea como ejercicio lúdico o como venganza.

La experiencia también me ha enseñado que no se nace escritor. A través de los años se va descubriendo el llamado. A veces temprano, en otras tarde. Pero en todas surge por medio de la lectura. En mi infancia, paralelamente a la vida, vinieron las lecturas: “La Isla del tesoro” de Stevenson, “Las mil y una noches” y un libro determinante, “Los viajes de Gulliver”, en el que creí ver reflejadas muchas de mis inquietudes. La novela que intenté escribir en esos años era un eco de estos tres libros. Hoy todavía ese eco retumba en mi memoria. Más recientemente la influencia de Borges ha sido rotunda. Stephen King dice que todos empezamos en la escritura imitando a nuestros modelos y que no debemos sentir vergüenza por ello. Yo he cumplido ese proceso. En uno de mis relatos, “La primera pieza del tesoro”, la influencia borgiana queda al descubierto: un muchacho aspirante a escritor, pero que no pasa de ser un lector incurable (un enfermo del «mal de Montano», según el escritor español Enrique Vila-Matas), descubre las claves que le permiten develar un tesoro. El autor del acertijo es un bibliófilo ya fallecido. El muchacho y el bibliófilo confluyen en la mutua admiración de las grandes obras de la literatura. Al escribir el último párrafo del cuento descubrí que los personajes estaban inspirados en “Utopía de un hombre que está cansado”, de Borges, y que en ambos estaba yo mismo. Con ello queda dicho todo. Por suerte la imitación de los modelos es sólo un paso. Después viene el descubrimiento de la propia voz, que es como empezar a caminar sin ayuda de nadie.

No se puede ser escritor y desconocer que, como decía Germán Espinosa, el que escribe tiene muy poco de sabio. Si lo fuera no lo haría, como Jesús o Sócrates. Además, rara vez el escritor dice cosas inteligentes. El que se arriesga a escribir no vive pendiente de tales factores, sino de recuperar su tiempo perdido (aún a despecho de la gramática y sus inquisitivos guardianes, como lo hiciera Cervantes), y al recuperarlo hace que otras vidas se vean afectadas con lo mismo. Pero nunca logra decir lo que quiere decir. Citando palabras de Cesare Pavese: “en la página queda siempre algo que no ha sido dicho”. Ese es el misterio de la escritura, como el tiempo lo es para el universo. Ambos elementos se conjugan para convertir a un individuo en instrumento de la fantasía.

Avanzamos por los pasadizos del laberinto inventado por Dios. Nuestra abigarrada época impide que seamos conscientes de ese fenómeno que nos convierte en los hombres más viejos de la humanidad, ya que cargamos con un amplio pasado. Los viejos no son los antiguos sino nosotros, los postmodernos. Pero a la vez, para concluir con palabras del propio Marcel Proust, cada individuo arrastra consigo la longitud de sus años de un lado a otro. La mayoría terminan aplastados por el peso de ese volumen que se pierde, con el advenimiento de la muerte, en el olvido. Escribir es ir en busca de ese tiempo perdido.

 

Comentarios
Evgeny Zhukov  - De acuerdo   |2008-10-20 22:22:19
Es curioso, la mayoría de los títulos y autores también hicieron mella en mi infancia. Aunque en la lista no aparece el primer libro "serio" que leí: "Robinson Crusoe", los demás están entre mis favoritos. También me gusta Stephen King, pero sus primeras obras.

Estoy de acuerdo con el contenido del artículo a excepción de una cosa: Todo escritor (me refiero a verdaderos escritores), nacen siendo tales. Quieren y buscan una forma de expresarse desde la niñez. En eso se diferencian de los demás, que lo hacen esporádicamente, de acuerdo con el estado de ánimo. Para un verdadero escritor expresarse, fantasear, crear y recrear es su modo de vida. Con el tiempo pulen su estilo y la capacidad de expresar una idea por medio de géneros literarios.

Es imposible "hacer" un escritor, si la persona no tiene requisitos importantes para ello. Esos requisitos no se adquieren en una escuela o un libro. Son innatos como la capacidad creativa de un compositor o un pintor. Escribir es un arte y, como tal, no creo que se aprenda durante la vida.

Lo anterior no implica que yo tenga la razón. Simplemente es un punto de vista, que puede estar errado. No obstante, lo baso en la experiencia y el trato tenido con diferentes autores.

Un abrazo.
Miguel  - ESTOY DE ACUERDO   |2008-10-22 16:44:48
Son opiniones basadas en la experiencia. Tú lo sientes así y eso es lo importante: hay que nacer y hacerse. ¿Qué hubiera sido de Mozart sin un Leopold? Leí tu biografía y me gustó algo: al escribir hay que hacerlo con amor, esa es la verdadera recompensa. Ya lo había dicho Vargas Llosa. Agradezco tu reflexión, muy acertada, y el poder debatir ideas respecto de la escritura con un ciudadano ruso. Amo la literatura rusa, sobre todo a Dostoyevski. Fue uno de los que me faltó nombrar en la lista. ¿recuerdas las memorias del subsuelo? ¡Qué portento! Ahí está el retrato de la inpredecible condición humana. Seguiremos debatiendo. Un abrazo. Miguel.
Evgeny Zhukov  - Cuando hay un acuerdo, no hay debate   |2008-10-22 21:48:09
Dostoyevski me gusta, pero no todos sus escritos son de mi agrado. Hay una novela de un autor ruso, Mijail Bulgakov, llamada "El maestro y Margarita". Es la mejor obra de la literatura rusa de la primera mitad del siglo pasado que he leído. La recomiendo mil veces y sé que se consigue en español.

Hace poco hicieron una miniserie (10 capítulos de 1 hora de duración para la TV rusa), adaptando el libro palabra por palabra. Fue espectacular.

La historia trata de Satanás y su séquito que llegan a Moscú soviética, antes de la segunda guerra mundial, donde nadie cree en él, ni en Dios. Pero no es eso lo importante de la historia. Es la fina contraposición entre el bien y el mal y la necesidad que se tienen en algunas ocasiones.

Es algo impresionante. Tengo un par de copias del libro, pero en ruso.

Otras obras literarias que me fascinan, son de Alejandro Dumas padre. Mi favorito es "Conde de Montecristo". Me parece una obra exquisita y desde mi punto de vista, supera en mucho a varios clásicos adorados por los críticos. Claro que no se puede dejar por fuera de la lista "Los tres mosqueteros", "Diez años después" y "Veinte años después". Y "El hombre de la máscara de hierro" es fuera de este mundo.

Podría hablar de literatura y libros favoritos largo y tendido, pero esa conversación hay que dejarla para un café. Cuando venga a Bogotá me avisa y nos reunimos.

Un abrazo.
FlorDFuego  - Cuenta una leyenda dominicana   |2008-10-22 22:20:04
que en una casa de nuestra zona colonial vivió recluído un hombre al que le pusieron una máscara de hierro, similar a la descrita en la novela. No sé cuál dijeron que había sido el crímen de aquel hombre para merecer un castigo semejante. A lo mejor mató a alguien; a lo mejor era demasiado feo.
FlorDFuego  - Miguel, ¿dónde te has ido?   |2008-10-29 23:04:06
Hace días que no vienes por el Rincón. Tendré que visitar tu blog de nuevo.

Un saludo
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