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La violencia en Colombia Imprimir E-Mail
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escrito por EDGAR TARAZONA ANGEL   
miércoles, 25 de febrero de 2009
Índice de artículos
La violencia en Colombia
El baño de sangre
Testimonios
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El baño de sangre

Los testigos sobrevivientes a cada etapa de la violencia en el país coinciden en que los métodos utilizados por los opositores en la contienda (de los dos o tres bandos en pugna) utilizan argumentos similares; a los opositores se les dan tres alternativas:

1.     La muerte
2.     El destierro (desplazamiento)
3.     La cárcel (en estos momentos se dan varias alternativas: el secuestro, el reclutamiento forzado o la colaboración irrestricta con uno de los grupos).

Para lograr el máximo de terror se falseaban testimonios y confesiones según el capricho del dirigente. La tortura es otro método de persuasión o de atemorización; En los sótanos del SIC funcionaba esta inquisición moderna. Por ejemplo los detenidos, completamente desnudos eran obligados a tomar asiento sobre bloques de hielo durante varias horas. Existía un terrorífico cuarto de interrogatorios con gran variedad de aparatos de tortura incluidos los choques eléctricos, porras, cachiporras, machetes, mangueras y otros instrumentos para golpear; garfios para desgarrar las carnes, agujas, clavos, etc. La tortura del alicate consistía en arrancar pedazos de carne del acusado con un alicate y, al final, los detenidos terminaban firmando lo que fuera sin leerlo, sólo para poner fin al sufrimiento.

Cada vez que llegaba un prisionero nuevo, era conducido a los calabozos entre dos filas de doce oficiales armados con sables, fusiles y palos para golpear al detenido de la peor manera hasta hacerlo rodar por las escaleras hacia los sótanos donde les esperaba mayor tormento. A los presos se los mantenía incomunicados, totalmente aislados de los seres queridos y se les hacían llegar noticias falsas de infidelidades de sus parejas, fallecimientos o enfermedades de sus seres amados con el objeto de desesperarlos.

Las mujeres que iban a visitarlos o eran conducidas en calidad de prisioneras tenían una suerte aun peor; fueron humilladas, violadas, vejadas, por lo general delante de su esposo, novio, hermano, padre para aumentar el sufrimiento y degradarlo lo más posible. Una de las más funestas raíces de la belicosidad y la agresividad humanas es la idea de que la verdad está de una sola parte y el contrincante pierde todo derecho a la réplica y a pensar diferente del opresor o del que tiene el poder. Los hombres, los partidos, los grupos tienen la persuasión de que poseen el privilegio de la verdad absoluta. Desafortunadamente en varias ocasiones La iglesia se pone del lado de uno de los grupos dando la impresión de que ese grupo es el de los BUENOS y por consiguiente el grupo opositor es el de los MALOS.

No hay nada más destructor que la fuerza ciega y tiránica de la pasión política. Dice Gustavo Le Bon: ”Por intenso que sea el odio entre los pueblos, no es jamás tan vivo como entre los partidos políticos de un mismo pueblo.” La rivalidad feroz de los partidos ha dejado millares de muertos, heridos, viudas, huérfanos, desplazados, desolación y tristeza. Se dice que el amor es ciego pero lo mismo puede decirse del odio. Hay una diferencia abismal: el odio no es capaz de ver las buenas cualidades del otro y el amor es incapaz de captar los vicios y defectos.



 
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