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escrito por Namid Amador
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sábado, 28 de marzo de 2009 |
Deambula agobiado y doliente por la orilla filosa de la sombra esquelética de la Vida. Carga a su espalda el pequeño ataúd hecho de lágrimas, gritos silenciosos, sonidos masacrando afectos; guardián celoso de instantes lejanos, harapos para protegerse de su propio olvido suicidio sin retorno;
retazos de tiempo cuando la vida era algo más que el terror instalado en los huesos, en los pliegues del alma; el miedo de los niños, los animales, los ríos, la tierra; violencia sin rostro y la luna se hizo ausencia, el sol ceniza fétida y el mar se ahogó en el llanto de las mariposas. Así vaga la Vida, anónima, invisible de los habitantes de algún país. Así errantes /aún siendo árboles/ desplazados nos vivimos. Namid (marzo 27 de 2.009)
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