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El asesino bondadoso Imprimir E-Mail
(5 votos)
escrito por Osiris   
jueves, 02 de abril de 2009
Índice de artículos
El asesino bondadoso
Página 2
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Fue al bar donde encontraría a Benigno, como siempre todos lo saludaron y le ofrecieron de beber, aceptó una bebida gaseosa y luego pidió una ronda para todos, a su cuenta. Llamó a Benigno y les hizo dar la mano a todos en señal de amistad; preguntó al cantinero la hora del cierre y se despidió de todos. Presumía lo que sucedería después; cuando saliera todos le sacarían el cuerpo a Benigno… así fue. A las once de la noche fueron saliendo todos y, como siempre, el último fue Benigno, el más borracho y fastidioso de todos. Más adelante él lo esperaba, cerca de un parquecito con bancas, a propósito para su conversación.

El hombre se sobresaltó al escuchar su nombre pero al ver a su “amigo” se acercó confiado, tambaleándose. Angel le ofreció media botella de aguardiente que el hombre recibió agradecido y de una vez se zampó un cuarto del contenido. Hablaron del hijueputa cantinero que no quiso vender más y de los desgraciados amigos que lo dejaron solo y se  fue adormilando en el hombre del  Angel vengador; este pasó su brazo sobre los hombros de Benigno y, cuando lo escucho dar el primer ronquido extrajo de su bolsillo un estilete que penetró limpiamente por el oído derecho del hombre borracho. Su experiencia de asesino le permitió imaginar la rotura del tímpano, luego los huesecillos del oído medio, el paso por el oído interno y al final el cerebro. Benigno jamás sabría cómo le llego la muerte.

Se puso de pie, limpió la poca sangre que manó del oído, limpió el afilado estilete con una toallita desechable y guardo todo en el bolsillo; más tarde arrojaría el papel y el algodón a una cañería de aguas negras. Acomodó el cadáver en posición fetal, esa que adoptan los mendigos y los borrachos al dormir en una miserable banca de parque. Caminó dos cuadras a donde había citado un taxi que lo recogería para llevarlo al aeropuerto. Como era su costumbre llegó puntual. Tantos cadáveres en el camino de su vida y ningún arresto por esta causa eran el mérito por no dejar huellas y hacer las cosas con precisión matemática. En la morgue dirían que la mujer murió por intoxicación etílica y el hombre por una trombosis cerebral o algo parecido. Los forenses del pueblo no eran demasiado meticulosos.

Antes de dormirse miraba por la ventanilla del avión esa alfombra maravillosa de nubes y en el horizonte el sol que empezaba a salir. Su conciencia estaba tranquila. Le daba gracias a Dios por haberle permitido realizar esta buena obra.

Comentarios
krmn 75  - Maestro!!   |2009-04-02 19:56:23
.... sin palabras.
Me dejaste con la boca abierta , bueno si, un solo comentario, que descaro de asesino, darle gracias a Dios por haberle permitido realizar una buena obra!

Maestro!!
sergiomarentes  - Como siempre!   |2009-04-03 08:41:15
Solo puedo felicitar a la recursividad del asesino del silencio de las letras, las letras de OSIRIS.
n abrazo
Sergio
ric  - genial..   |2009-04-15 18:38:43
he leído dos textos tuyos y ambos me encantan.

Me gusta la trama que usas en tus historias.

saludos
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