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La peste y el horror de las epidemias Imprimir E-Mail
(7 votos)
escrito por Luis Maria Murillo Sarmiento   
miércoles, 06 de mayo de 2009

Devastadoras fueron las epidemias que padeció la humanidad y que postraron con igual severidad a humildes pueblos como a poderosos imperios. En el año 430 a. C. Atenas padeció la Peste de Tucídides que acabó con la vida de Pericles y la de un tercio de los atenienses. En Roma en el año 167, la Peste Antonina redujo a la mitad la población romana. La peste que surgió en el puerto egipcio de Pelusium en el año 542, se propagó por Asia y Europa y cien millones de personas perdieron la vida. Más cerca de nuestros días, en 1720, Marsella sufrió la peste que dejó hasta mil víctimas fatales por día.

Son apenas ejemplos de las muchas veces en que la peste asoló al hombre. Cuadros de dolor plasmados por el pincel y la pluma en las obras de importantes artistas y escritores, algunos de los cuales bajaron a la tumba como trágicos protagonistas de las epidemias por ellos retratadas.  La idea del castigo divino prevalecía aún en las mentes más esclarecidas del siglo XVII. “Indudablemente el hecho de que la peste nos haya visitado es un castigo del cielo... un mensaje de su venganza” escribía Daniel Defoe en 1665.  La muerte negra (peste bubónica), que en 1348 acabó con casi un tercio de la humanidad, partió probablemente en 1347 de Asia para propagarse por Europa. Huyendo de los tártaros, sitiadores de Caffa, a su vez exterminados por la peste, los genoveses se hicieron a la mar llevando consigo la más temible compañía, la peste negra. Los pocos que llegaron a la patria, uno de cada mil de los que partieron, tras la alegría inicial de su regreso fueron rechazados, y de puerto en puerto, sin poder desembarcar, fueron dejando tras de sí, por toda Europa, el horror de la peste negra. Doce de cada trece enfermos se dice que morían. Almas caritativas hubo sin embargo dispuestas al sacrificio, que cuidaron a los apestados, pero las más de las veces la epidemia "había provocado tal horror en el corazón de los hombres y mujeres, que el hermano abandonaba al hermano, la mujer al marido y hasta los padres temían mirar y cuidar a sus hijos..." escribió Bocaccio.

Contra el macabro espectáculo de la muerte, el mundo no tuvo otra alternativa que acogerse a Dios. Clemente VI adelantó el año santo para la Pascua de 1348. Un millón doscientos mil fieles en piadosa peregrinación llegaron a Roma, más de un millón, víctimas mortales de la peste, jamás regresarían. Los médicos no podían aconsejar más que huir de los sitios apestados. Previniendo el contagio, los médicos del siglo XVII vestían trajes de cuero o túnicas que los cubrían de la cabeza a los pies, protegían con vidrios sus ojos y utilizaban curiosas máscaras con llamativo pico, que contenía las esencias aromáticas con que pretendían neutralizar los miasmas.

Desconocedores de su origen, evitaban todo contacto con el paciente, se protegían de su mirada, de su aliento y del pestilente olor de los bubones, los que drenaban y cauterizaban con un hierro al rojo vivo. Esencias de canela, nuez, alcanfor, azafrán y ámbar (de exclusivo uso real), se usaban en las vestimentas para prevenir la peste. Nada más que colonias y perfumes heredaría al porvenir tal terapéutica.

Los enfermos eran obligados a permanecer en su casa, so pena de muerte, y tras su fallecimiento se prendía fuego a su vivienda. Los cadáveres eran dejados en las noches a la puerta de las casas, para ser recogidos y cargados en carretas. Las fosas comunes abundaban, y grandes fogatas con sahumerios se hacían para purificar el aire. La creencia en la bondad de las hogueras persistió hasta final del siglo XIX. En Marsella y en Tolón se emplearon contra el cólera en 1884 por orden de las autoridades. Para evitar la introducción de la peste los inmigrantes eran aislados, "quaranta giorno", que fueron el origen de la cuarentena. Detectada la peste la gente huía de las ciudades. Finalmente en el siglo XVIII se optó por la cuarentena de las poblaciones evitando la diseminación y se cerraron las fronteras. Menos frecuente fue la peste, pero no desapareció. En más de tres siglos de buscar Europa remedio a tantas epidemias, pocos fueron los progresos. La ciencia sobre su origen no aportaba luces. Sólo con los grandes descubrimientos del siglo XIX el hombre pudo hacerles frente.

Las disparatadas terapéuticas dieron paso entonces al análisis de secreciones y tejidos en pos del agente causal, a la desinfección con fenol, al tratamiento cuidadoso de los excrementos, al aseo de los tendidos, de las vestimentas del enfermo y de las paredes de los hospitales que se procuraron mantener inmaculados.

Aunque la peste era la misma de hacía siglos, las sencillas medidas de higiene finalmente permitieron controlarlas. Un inesperado accidente fue, como en tantos otros descubrimientos, el punto de partida que permitió conocer el origen de la peste. En 1897 Georg Sticker, miembro de la Comisión Investigadora de la Peste en la India, adquirió la enfermedad al ser picado por las pulgas de las ratas. En la pústula de la inoculación, se descubrió el bacilo de la peste. Simmond se ingenió entonces un sencillo experimento. Colgó a diversas alturas jaulas con conejos y confirmó que los animales colgados a mayor altura que la del salto de las pulgas no enfermaron, los demás por el contrario adquirieron la peste y fallecieron. Eran en conclusión las pulgas las que transmitían la enfermedad tras tomar de las ratas enfermas los bacilos. Por eso la cuarentena y los cierres de fronteras no eran medidas eficaces. Impedían el desplazamiento del enfermo pero no el de las ratas ni las pulgas. Con el aseo en los hospitales y el control de las pulgas desapareció la peste.

Se podía finalmente explicar cinco siglos después la bondad de la incineración de las basuras que el médico judío Balavignus propuso a su ghetto durante la peste europea del siglo XIV. Los judíos sufrieron solamente 5% de las muertes que afligieron a las demás comunidades europeas. La quema ahuyentó del barrio judío a las ratas con todo y las pulgas que portaban el germen de la peste. Pensar que de muy antiguo viendo morir por millones a las ratas durante la epidemia, se llegó a imaginarlas culpables de su propagación, o cuanto menos presagio de la enfermedad, pero tan interesante observación jamás fue sometida a un análisis profundo.

BIBLIOGRAFÍA

1.       Diccionario terminológico de ciencias médicas. 11ª. Ed. Barcelona: Salvat Editores S.A. 1974: 1073p

2.       Glascheib H.S. El Laberinto de la medicina. Barcelona: Ediciones Destino. 1964: 9 (ilustración),  11-29, 13 (ilustración),

3.       Metchnikoff  Elias. Estudios sobre la naturaleza humana. Buenos Aires: Orientación Integral Humana. 1946: 224-225

4.       Nuevo Espasa ilustrado 2000, España: Espasa - Calpe S.A. 1999: 1832p

5.       Pequeño Larousse Ilustrado, Bogotá: Ed. Larousse. 1999: 1830p

6.       Pfeiffer John. La célula. En Colección Científica de Life. México: Ed. Offset Multicolor SA. 1965: 171, 171 (ilustración),  178,  178(ilustración), 7.       Phair S, Warren P. Enfermedades infecciosas. 5ª. Ed. México: Ed. McGraw Hill Interamericana. 1998: 3

8.       Von Drigalski, Wilhelm. Hombres contra microbios. Barcelona: Editorial Labor. 17, 18, 20, 25 (ilustración), 26, 27 (ilustración),  32, 33, 114,  279-284

LUIS MARIA MURILLO SARMIENTO ("Del oscurantismo al conocimiento de las enfermedades infecciosas")

http://luismmurillo.blogspot.com/ (Página de críticas y comentarios)
http://luismariamurillosarmiento.blogspot.com/ (Página literaria)

Comentarios
OSIRIS   |2009-05-07 07:25:30
Estas si eran epidemias con todas las implicaciones. Como me agradaría leer el punto de vista del doctor Murillo sobre la tan publicitada "pandemia" de la "influenza porcina". Para mi tiene más de sofisma de distracción (la crisis mundial de la economía) que de otra cosa. Me gustaría saber su opinión.
Luismariamurillosarmiento   |2009-05-08 08:47:18
Mi admirado colega en las letras, si de alguna manera debiera calificar la epidemia es de desconcertante, no tanto por ella, sino por las acciones y actitudes tomadas. Para bien, parece ser un brote benigno, luego sería más la alarma que el riesgo. Pero como los virus mutan nadie puede estar seguro de que no llegue a ser altamente letal. ¡Dios no lo quiera! El hecho de que las medidas comenzaron cuando ya el virus estaba bien distante de su origen, habla mal de la vigilancia epidemiológica en su comienzo. Pero creo que todos los del Rincón sobreviviremos para seguir escribiendo. Un cordial saludo.
Pichy  - La peste y el horror de las epidemias   |2009-05-08 10:50:46
Estimado Murillo,

Mis parabienes por este ensayo. Lo que, si me fuera dado, te exhortaría a que lo concluyeses con algo de la actualidad. Pues cuando más dentro del escrito me encontraba...lo terminas.

Con mis mejores votos, por que continues hasta cerrar, con la buena sintesis, este tema.

Saludos cordiales,

José Valle
Luismariamurillosarmiento   |2009-05-12 09:26:16
Pichy, gracias por ponerle atención a mis escritos. Tomaré en cuenta la sugerencia. Y espero pronto concluir el tema tal como lo planteas.
Namid   |2009-05-10 18:55:57
Buen ensayo, gracias por participarnos de su profesión como de su ser estudioso y crítico. De la locura actual, no he leido nada, ni he visto noticieros, una pregunta tonta pero para mí necesaria: si casi siempre se ha convivido con cerdos,por qué hasta ahora nace un virus así ?? Gracias. Buena noche. Un abrazo
Luismariamurillosarmiento  - Las Zoonosis   |2009-05-12 09:42:57
Apreciado Namid, de siempre, probablemente, las enfermedades de los animales se han trasmitido al hombre. Es lo que se conoce como zoonosis. La rabia por ejemplo. El virus del SIDA, para hablar de plena actualidad, se supone que paso del mono al hombre. Y es que en esa convivencia del hombre con los animales no es extraño gérmenes propios de esas especies pasen al ser humano. Y llega la conmoción cuando se descubre que son de gran letalidad. En todo caso no es motivo para poner a nuestras mascotas de paticas en la calle.
Namid   |2009-05-12 09:52:35
Ahh!!!...gracias...pero no hay una remota posibilidad que esas epidemias, esos virus, sean creación, manipulación del ser humano ?? porque lo que creo a veces, es que uno es quien le trasmite las enfermedades a los pobres animalitos. un abrazo y ojo!!! que yo tengo un gatico..René Mateo.
Luismariamurillosarmiento  - Las guerras biológicas   |2009-05-12 15:19:57
La manipulación de los agentes infecciosos por el ser humano, para acabar con el enemigo, es el fundamento de las guerras biológicas. En pos de la destrucción, como en muchas otras cosas, el ingenio del hombre parece sin límite.
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