Premios y Servicios

Premios del Rincón
Ebooks

Secciones

Foro
Chat
Directorio

Entrar

Patrocinadores

 La Pollera

Inicio arrow Opinión arrow Cultura arrow Diluvio sin libros
Diluvio sin libros Imprimir E-Mail
(1 voto)
escrito por Miguel Paez   
viernes, 08 de mayo de 2009
Índice de artículos
Diluvio sin libros
Desde el fondo de las cosas
El síndrome de Aquiles
Inmortal como la ruta de los astros
Bibliografía y Notas
Escuchar el artículo

El síndrome de Aquiles

La primera parte del poema es el anuncio de cómo un rey tirano se transforma en sabio. Nos preguntamos con el poeta: ¿Cómo alcanzar sabiduría? Es natural que quien decide buscarla tropiece con múltiples obstáculos. Le sucedió a Sócrates, Diógenes y Tomás Moro, sólo que por distintas razones. La de Gilgamesh es la descripción de cómo un hombre llega a la madurez aprendiendo de los errores, a la manera de un San Agustín babilónico. La fortuna lo había elegido para gobernar un gran pueblo. Las circunstancias le revelan que su papel está en desacuerdo con el bien común. Tal situación genera dudas insalvables que ponen en entredicho su condición de soberano.

A medida que avanza el poema el héroe vence escollos, porque su intención primera es alcanzar renombre sin importar precio. Enkidu, a cambio, sabe que toda gloria terrena es fantasía, que la verdadera victoria es inalcanzable en este mundo. Sin embargo pelea como el más valiente de los mortales. Comparten en la lucha, pero con convicciones diversas: Gilgamesh, prefigurando la leyenda de Aquiles el griego, ve la vida como una margen otorgada por los dioses para obtener inmortalidad. Por ello va de batalla en batalla acumulando fama. Enkidu, más atento a las voces de lo alto, calcula cada paso con el ánimo de agradar a los dioses.

El destino hizo que Enkidu cruzara el camino de Gilgamesh y lo honrara con su amistad. El destino determina que abandone el mundo terrenal, repitiendo el itinerario de todo ser vivo. Aparece el elemento muerte. Tal situación abate a Gilgamesh. Sabe que algún día le sucederá lo mismo: “¿No me acostaré, como él, para no volver a levantarme jamás?”. El guerrero, antes ávido de gloria, reconoce otros valores como la amistad, otras preocupaciones como la muerte. Pero quien ha dado tal enseñanza habita el mundo de las sombras. Se plantea otra cuestión: ¿Es posible la inmortalidad? ¿Podemos anteponernos, no obstante nuestra condición, al deterioro del ser físico, vencer las leyes de la materia? Una sóla ruta se presenta: encontrar la fuente de la vida eterna.

 



 
< Anterior   Siguiente >
© 2007-2011 Rincón de los Escritores | Hosting Compuvision