Salieron muy maltrechos, pero la preocupada damisela más tarde se esmeraría en “cuidados”, para con los dos, claro.
El teniente no sufrió consejo de guerra ni juicio alguno por el osado acto de guerra contra los paramilitares conservadores, por el contrario su comandante lo felicitó por su heroico acto de justicia, dejando en alto el honor de los marinos, además de propinarles un buen susto a los tales por cuales chulavitas. Entre los infantes y aquellos paramilitares había una proclamada enemistad de tiempo atrás.
Francisco Abel Carvajal Botero, mi tío, no podría ya continuar con su vida en Barranca sin correr grave riesgo, así que a los pocos días empacó sus pocas pertenencias, se despidió de sus hermanos y partió hacia la lejana ciudad fronteriza de Cúcuta.
La plata o el petróleo, o ambos, son un imán irresistible para muchos hombres y mujeres, pues poco tiempo después emigraría de su país natal a donde había de las dos “P” en muchísima abundancia: Venezuela, la próspera hermana de Colombia, la noble nación que bien lo acogió, en donde él viviría feliz y agradecido por el resto de su todavía larga vida. Allá protagonizaría, debido también a su debilidad por las mujeres, años después, una muy anecdótica aventura que le valió un apodo.
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