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¡Escritores, a la defensa del idioma! Imprimir E-Mail
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escrito por Luis Maria Murillo Sarmiento   
sábado, 20 de junio de 2009
Índice de artículos
¡Escritores, a la defensa del idioma!
Feminismo y conocimiento del idioma
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Feminismo y conocimiento del idioma

Con criterios que han sido discutibles, Arthur Schopenhauer se refirió a los seres de ideas cortas y cabellos largos, y Sigmund Freud a la envidia del falo, en las mujeres. Sus pensamientos vuelven a la palestra con un viso de verdad que emana del apasionamiento con que ciertas feministas abordan todo cuanto toca con el género.

Desconocer que existe el género no marcado -que por definición no distingue a un sujeto como macho- es ignorar que existen vocablos aplicables a ambos sexos sin modificación alguna. Paciente, detective, comentarista, contratista, por citar algunos. El género no es, además, forzosamente el sexo, por ello es aplicable a individuos como a cosas. Ni todos los sustantivos que terminan en a son femeninos, ni todos los que terminan en o son masculinos.

Pobre conocimiento han de tener del español –o mucha inquina con el hombre- quienes conjuran contra el género común en el idioma.  Si los hombres fuéramos presa de la mismas suspicacia, estaríamos exigiendo que los términos taxista, ciclista, dentista, periodista, taxidermista y otros miles se reformaran con un ‘lenguaje incluyente’ para no ser ignorados, o peor aún, para no ser tenidos por mujeres. Y en la majestuosa palabra humanidad sobraría el hombre, dado el género femenino del vocablo.

Los cambios del idioma

La resistencia al cambio, característica de la psicología del hombre, no tiene sentido en un mundo que inevitablemente evoluciona, y no me acojo a ella para oponerme a las corrientes nuevas. Pero lo natural es que en un idioma los cambios los dé el uso y no disposiciones que vienen de lo alto; al punto que las autoridades de un idioma son las últimas que los contemplan, como sometimiento a la costumbre que imponen los parlantes.

“Limpia, fija y da esplendor” reza el lema de la Real Academia Española, y es de eso de lo que realmente se trata. Si obligara, sería una ley, o como en Bogotá, un acuerdo, susceptible de sanciones. En eso reside el exabrupto.

A la defensa del buen gusto

En esta pugna de géneros (tan absurda como todas las que enfrentan a los sexos), el idioma no tiene que ser sacrificado. No hay en mi intención el deseo de doblegar el exaltado orgullo feminista, pero sí el de dar una batalla por la estética de nuestra lengua. Sin mal gusto también pueden figurar en el idioma. Cuán diferente es decir: “Niños y jóvenes de ambos sexos gozan las rampas con sus patines” –cita textual de Mauricio Pombo impecable columnista colombiano-, que en lenguaje ‘incluyente’ se convertiría en los niños y las niñas, y los y las jóvenes gozan las rampas con sus patines.

¿Serán sordos los oídos feministas a la bella sinfonía de las palabras, que prefieren estas estridencias que dizque las ‘visualizan’? En vez del pleonástico “niñas y niñas” propuesto por las feministas, el uso de la palabra niñez podría enfatizarse. En nada nos inquieta a los hombres el género femenino del vocablo –no somos quisquillosos-. Que igual se use la juventud en vez de recalcar una expresión que mortifica el tímpano: “las jóvenes y los jóvenes”.  Y todo en un contexto amable, lejano a la pedantería.   

Dice el escritor Oscar Collazos que se podría decir “el caballo y la yegua blancas”,  -el caballo y la yegua blancos, es lo que se acepta-. Pienso que sí, y agrego, lo importante no es que domine lo masculino sobre lo femenino, o viceversa, sino que se preserve la belleza del idioma. Y al hacer concordar, en este caso, el género del adjetivo con el del sustantivo precedente, resulta más eufónico. Yo propondría esa norma.

¿Será que las luchadoras del ‘género’ están dispuestas, en su efervescencia, a arrasar  con cuanto se cruce en su camino? ¿Será que ven como don Quijote gigantes a enfrentar donde hay sólo molinos? No se trata de responder con igual intransigencia, sino de hacerlas ver que hay opciones para el uso estético de nuestra lengua que dejan satisfechos a todos sus parlantes.

Presidente es, por ejemplo, un sustantivo común en cuanto a género, luego son presidentes hombres como mujeres, pero presidenta, que bien suena, sin imposiciones legales ya es reconocido. Es indudable que se puede llegar al entendimiento si el buen uso del idioma se preserva. Porque el idioma vive en evolución constante y toda flexibilidad es permisible mientras se preserve su belleza.

Debieran así entenderlo todas las mujeres, tan féminas y vanidosas como nuestra lengua. Sin la hermosura del lenguaje la lírica carece de sentido, y son ellas las primeras afectadas. Ellas que suelen ser la inspiración de todo hombre que escribe.

Es inútil enfrentamiento entre los géneros

El desabrido sabor que dejan los asuntos de ‘género’ se compensa cuando apreciamos a millones de mujeres que viven augusto con su mundo, y en armonía con una creación que incluyó al hombre -para disgusto de pocas-, y que entienden la inutilidad de medidas tan pueriles.

No son tantas las mujeres indispuestas con el hombre, así los movimientos de ‘género’ quieran exacerbarlas. Casi todas las que brillan son ajenas a estas naderías. Su superioridad es tan palpable que no necesitan subterfugios para que las reconozcan.

Toda mujer sin méritos -como todo hombre sin merecimientos- por lógicas razones será subordinada. Los méritos obviamente no proceden de los genitales, luego los logros deben darse en consideración a la valía. Más daño le hacen a su género las mujeres que viven en confrontación permanente con el hombre. Las posturas sectarias, la intransigencia y los resentimientos son un petardo a la sana convivencia. Pero viendo la minoría que representan y la armonía en que normalmente se vive, pienso que para esos movimientos será contraproducente el resultado, bien porque a los arrollados se les agote la paciencia,  bien porque la cantaleta tenga el fin de todo lo monótono.

Y no será el fin de las conquistas femeninas: la mujer cada vez más independiente y estudiada desplazará inevitablemente al hombre que no le dé la talla. Hombres y mujeres se seguirán amando y al cabo de su romance se seguirán odiando; y nuevos amores vendrán para que el ciclo se repita. Esa es la ley natural indefectible.

La proclama

¡Escritores del mundo hispano hablante, defendamos nuestro idioma! ¡Feministas, serenidad! ¡Acordemos en sana paz los cambios que no menoscaben el esplendor de nuestra lengua!

Luis María Murillo Sarmiento

 

http://luismmurillo.blogspot.com/ (Página de críticas y comentarios)

http://luismariamurillosarmiento.blogspot.com/ (Página literaria)

Comentarios
Namid   |2009-06-20 18:55:55
Don Luis María Hombre de letras Ud!! apoyo en todo ( no queriendo decir con ello que carezco de criterio, crítica y capacidad de reflexión, todo lo contrario)su sentido escrito...Excelente!!! toca las fibras más delicadas de nosotras las mujeres, pero igual muy justo y muy merecido. Por estos días, escribió un artículo Daniel Samper P. precisamente sobre la guerra gramatical de los sexos...y hacia referencia a que nosotras No nos sobresaltamos cuando en oficios humildes se maneja la noción de género: panadera, lavandera, cocinera; pero entramos en franca histeria cuando se nos dice abogadas,medicas, juezas, jefas, etc.etc. y en mi opinión ahí nuevamente se ve...nuestra estupida soberbia, nuestra incapacidad de razonar con seriedad y a profundidad...el feminismo es un machismo pero más decadente... Bueno mi apreciado Luis María tus escritos Siempre me gustan, saborearlos, degustarlos. Un abrazo y felicitaciones por tan buen escrito
Luismariamurillosarmiento   |2009-06-21 14:38:54
Apreciada Namid, estas palabras, como las de tantas mujeres fabulosas que conforman mi mundo, me hacen sentir que los feminismos sectarios son minúsculos y extremos; y que no habrá poder que acabe con la relación entrañable de hombres y mujeres, que hace tan agradable el paso por la Tierra.
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