Introito: Las coacciones al idioma
El Concejo ‘admirable’ de Bogotá, acaba de legislar sobre el idioma. También tiene entre sus delicadísimas misiones sacar a las mascotas de los parques. No sobrarán quienes digan que la Real Academia de la Lengua ha sido suplantada por unos iletrados.
Cosas de la demagogia y la política, y del resentimiento de algunas feministas. Pero no ha sido una ignorante, sino una concejal con formación universitaria en un reconocido establecimiento educativo colombiano, la autora del proyecto. Lo ha denominado “uso del lenguaje con perspectiva de género”.
La concejal Ángela Benedetti Avellaneda –según ella concejala, al parecer le suena más eufónico, o cree que concejal es masculino- busca “que las entidades públicas distritales, en sus documentos oficiales hagan uso de expresiones lingüísticas que incluyan por igual a los géneros masculino y femenino”. Y obliga en su proyecto, que ya tiene calidad de acuerdo, a todos los medios de comunicación públicos como privados. Ni Lucho, un concejal lustrabotas, que por esa condición hizo historia en el cabildo bogotano, se hubiera aventurado tanto.
¿Y los motivos de la norma?
No entiendo claramente los motivos de la autora de la norma, los logros académicos me hacen pensar en una persona inteligente, poseedora de un más iluminado pensamiento. Creo que con menos obsesión por la lucha de género habría conseguido un proyecto más brillante y más amable, con enfoque académico y humano, por consiguiente de mejor recibo.
El fundamento
La historia cuenta con un interesante antecedente. La revisión de una vieja ley por la Corte Constitucional colombiana.
Ocurrió en el año 2006, cuando los magistrados, fungiendo de académicos de nuestra lengua, declararon inexequible parte de una norma de 1887 que precisaba las definiciones de palabras de uso frecuente en las leyes, en concordancia con las normas del idioma. Pontificando, para “hacer visible a las mujeres”, declararon no exequible el artículo en que se definían palabras como hombre, mujer, niño, adulto y otras semejantes. Es ese el fallo que da pie a las acciones del concejo.
El cabildo en su decisión aduce discriminación, reclama igualdad real y efectiva, e invoca la protección que debe dar el Estado a marginados y discriminados –que no son propiamente las mujeres, antepuestas al hombre en toda norma colombiana-. Historia conocida de toda política de género: hablar de igualdad, pero hacer prevalecer a las mujeres.
La libertad en el idioma y en las artes
Realmente somos el lenguaje como la concejal afirma. Mal por ella, cuyo hablar, deslucido por su propia norma, nos desencanta de la persona que nos representa en el Concejo. En nada expresa más su libertad el hombre que en el lenguaje que utiliza. Luego no debe ser coaccionado.
Que los defensores de la norma que lo usen a su saber y a su entender, si eso les satisface, así a nosotros nos disguste. Pero que no cometan el exabrupto de volver obligatorio lo que para muchos es un disparate. Es la dictadura de la minoría que coarta a quienes utilizan correctamente las reglas del idioma.
¿Será el próximo paso intervenir las artes? Que desaparezca, por ejemplo, el hombre de afiches, retratos y murales. ¿Se intervendrá la anatomía? Porque el útero y el clítoris, masculinos en género, son órganos típicamente femeninos. ¿Se obligará a designarlos la clítoris y la útero? Al menos éste encuentra en el sinónimo femenino la matriz un sustantivo afortunado.
Apuntes sobre la discriminación y la violencia
La discriminación es un hecho presente desgraciadamente en toda sociedad. Blancos hay que han sido discriminados en comunidades negras, por ejemplo. Y nadie puede negar que haya habido discriminación con la mujer a lo largo de la historia; aunque también han existido sociedades matriarcales.
También es un hecho que la mujer domina al hombre con las irresistibles armas de la seducción y la ternura, no con acuerdos o decretos, no por el uso de la fuerza. La fuerza a diferencia de las buenas maneras, ensombrece la relación y favorece la conjura. Esa es tal vez la génesis de las actitudes feministas, que no pueden enrostrarse a todos los varones, ni alterar la convivencia con los millones de hombres que las queremos, protegemos y admiramos.
Es difícil situar a la mujer en condición de víctima y al hombre en la de victimario, porque la violencia tiene doble vía. La violencia es una perversión latente en todos los humanos. Hasta en la maternidad deja su huella. Por estos días conmueve a Colombia un horrendo crimen: el asesinato de un recién nacido por su madre. Repudiable como el del padre que hace unos meses le quitó la vida a un niño de 11 meses. Ya vemos, también, sicarios infantiles. El crimen de aquella mujer no es un hecho inusitado, los registros forenses colombianos registraron en el 2008 el asesinato de 25 niños por sus madres –y no me refiero a los abortos-.
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