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Página 22 de 22 El pergamino El pez lo multiplicó, el pan lo compartió y su sangre como en un cáliz la entregó. Y dijo: "Multiplicad los talentos que les han sido entregados. Compartid el pan y servid a los hermanos menores. Entreguen sus vidas a Dios y no teman a la muerte, porque es sólo el primer paso a la Verdadera Vida, la Eterna, en el Reino de Dios." Anticipando su muerte oró así en el huerto: "...que no se haga mi voluntad sino la Tuya." El más grande regalo del Padre a los humanos es la libre voluntad, por eso somos como Dios, a su imagen y semejanza. Pero el más grande secreto, lo reveló así: "...y hágase tu Voluntad aquí en la Tierra como en el Cielo." Quien se entrega del todo, de corazón, a su Voluntad en vez de a la suya propia encontrará el Camino. Así como el niño a veces no comprende a su padre, así los humanos en su limitada inteligencia no entienden los designios del Dios Padre, que no tiene límites. Mas no deben preocuparse, porque Él es un Padre amoroso y misericordioso, Él sí entiende a sus hijos, pues Él los creó. Entonces entréguense a su Voluntad, sólo y nada más que a la de Él. Así hallarán la Luz. Esta es la Fe, la verdadera y única Fe. Y dijo: "Donde estén dos o más en mi nombre, ahí en medio de ellos estaré yo." Dios está en todas partes, en el sol, en las estrellas, en el agua, en el fuego, en la naturaleza. Él lo ve todo, Él lo sabe todo, nada le es oculto, no pueden engañarlo. Nadie puede lo que Él. El Padre no necesita de templos, ni de casas de piedra, para que le oren; pues su Espíritu habita en todos y cada uno de ustedes. Él está en cada pensamiento, en cada deseo, en cada acto; Él es como el aire que respiran. Dios Padre es el todo y la nada que rodea el todo. Cada uno de ustedes forma parte de Él. Por eso, busquen dentro de ustedes, en sus corazones, ahí lo hallarán. Pero dos son más que uno y tres más que dos. Cuando oren juntos Él estará en medio de todos. Pidan de corazón y se les cumplirá. Ésa es la Fe. Mas no olviden que todos son sus hijos y tienen igual derecho, y a ninguno le hará daño ni castigo alguno le sobrevendrá. Él a todos perdona y da oportunidad. La vida en cuerpo es a la eternidad como la chispa de una luciérnaga en una noche sin fin. Así pues no se preocupen por las cosas terrenas, menos por los bienes y riquezas, que nada valen para el espíritu inmortal que hay en cada uno de ustedes. Son de la Tierra y aquí permanecerán. En cambio ustedes avanzarán, trascenderán con su espíritu, hasta llegar a Él. La materia es sólo la prolongación de la gran Creación de Dios Padre, y ustedes sus huéspedes. Donde aprenderán y conocerán. Y dijo también: "Yo soy el que soy." El manifiesto de Dios, la revelación: Todos los seres de carne y sangre, con voluntad propia, somos hijos del Padre. Iguales entre sí, amados por igual. Hijos del único Dios. Diferentes entre sí, todos somos una parte de Él, diferente. Y tarde que temprano, encontrarán el Camino hacia Él, y llegarán a Él... Cuando así lo quieran. Pero antes deben creer. No teman, confíen en Dios Padre, entréguense de lleno a su Voluntad y todo saldrá bien. Un padre ama a sus hijos. Él no castiga, ni se enoja, no es colérico, ni requiere que le teman, ni siquiera que le adoren. Él enseña a sus hijos en cuerpo para que sean grandes en espíritu, en la Vida Eterna, en la vida después de la muerte. Pero Él es paciente, y algunos, quienes se resisten, necesitarán aprender más que otros, que quienes se entregan, quienes tienen fe en la Verdad: Acogerse a su Voluntad es el Camino. †††F†N†††
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