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El escritor de destinos Imprimir E-Mail
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escrito por Luis Javier Osorio   
martes, 07 de julio de 2009
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El escritor de destinos
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Springfield, Massachusetts a 10 de junio de 1999

Mi amada Martha,

Si has encontrado esta carta seguramente ya sabrás que estoy muerto, sabe que contiene una confesión muy dolorosa la cual debí hacerte hace muchos años, ahora ya es demasiado tarde, pero quiero que sepas no fui un escritor común y corriente.

Cada vez que me sentaba frente al computador a escribir mis relatos terroríficos terminaba siempre con un sentimiento de culpa tan profundo como los avernos,  luego de terminar otra maldita historia de horror me quedaba siempre una sensación extrañamente nauseabunda que invadía mi ser como un inmundo torrente de suciedad que contamina cuanta cosa entra en contacto con él, creo tal vez no pueda quejarme de mi situación después de todo, gracias a ese maldito don pude amasar una fortuna con la que muchos apenas podrían soñar y la cual ahora te pertenece, sin embargo lo pague caro cada día de mi vida, me sentía miserable aun teniendo toda las riquezas del mundo en mi poder y hasta ahora estoy lamentando el haber hecho ese trato; No le vendí mi alma al diablo si lo pensaste, aunque francamente la cosa casi me salió igual, si hubiera sabido en ese momento todo el sufrimiento que tendría en el futuro y que también a otros les traería estoy seguro de no haber aceptado para nada dicho trato.

Hace diez años o quizá un poco más de tiempo tuve un accidente de tráfico en mi ciudad natal, esa tarde conducía de regreso del sitio donde trabajaba en aquel entonces a casa de mis padres cuando un camión embistió mi automóvil por atrás, recuerdo que aquella mole de acero aplastó mi auto contra las vallas de contención empujándolo por varios metros, cuando finalmente aquello acabó el conductor del camión huyó dejándome convertido en una piltrafa, mi cuerpo quedo tan maltrecho que incluso yo mismo pude verlo hecho pedazos, yo morí por primera vez aquella ocasión, estaba de pie junto a mi propio cadáver prácticamente despedazado por el accidente; en ese momento fue cuando lo vi por primera vez, había oído hablar de un espectro macabro a cargo de llevarse las almas de la tierra y ahí estaba en ese preciso instante junto a mí, con la guadaña entre sus nudosas manos, yo pensé que me llevaría igual como lo hace con otros, sin embargo en ese preciso instante fue cuando me ofreció un trato, al cual según él no podría negarme, sobre todo por la situación en la que me hallaba en ese momento incapaz de hacer algo en mi propia defensa, ni siquiera estaba seguro de si debía enredarme con él, pero acabe haciéndolo.

En cuanto le dije que aceptaba, él desprendió uno de sus huesos y me lo dio, mientras yo lo tuviese conmigo, mi cabeza estaría siempre llena de visiones dantescas, nunca me faltaría la creatividad ni las palabras para describir las más aterradoras escenas que una mente humana pudiese concebir ¡Claro! Dichas imágenes no eran humanas para nada sino que venían de un lugar inimaginable, fue así como me convertí en el escritor de destinos para la generación en la cual me tocó vivir ¿Qué se supone que es un escritor de destinos? Eso ya lo descubrirás mientras lees y fue gracias a ese trato impío como me hice de mucho dinero en pocos años, mis libros abarrotaron todas las tiendas y siempre se vendían como pan caliente, incluso la gente se formaba desde muy tempranas horas afuera de las librerías para ser los primeros en comprar mi mas reciente libro ¡y todavía querían más! Por esos años jamás me pasó por la cabeza reflexionar el porqué acepte formar parte de aquello, se veía todo demasiado bueno como para que pudiese haber algún truco por parte del tipo de la guadaña, sin embargo, comencé a tener dudas del porque hice aquel trato, con el paso del tiempo empezaron a surgir preguntas como ¿Qué ganaría la parca con ese trato? Aparentemente era solamente yo quien estaba beneficiándose de todo aquello: Había sanado inexplicablemente, estaba volviéndome inmensamente rico, solo yo estaba sacándole provecho a la situación o al menos eso era lo que pensaba.

Mis preguntas durante mucho tiempo siguieron sin respuesta, pensé que debía continuar con mi vida puesto que quizá el éxito de mis libros no eran producto de ningún pacto y tal vez dicho pacto jamás ocurrió, pudo solo ser una de aquellas alucinaciones que mucha gente cuenta cuando ha estado a punto de morir como por ejemplo el túnel de luz y todo eso ¡qué lejos estaba de la realidad! Cada vez que veía ese huesillo que me dio la parca cuando supuestamente yo había fallecido me daba cuenta de lo equivocado que estaba.

Me tomo años descubrirlo pero finalmente, tuve razón siempre, todo el éxito de mis libros era solo una recompensa por un servicio que le presté al tipo de la guadaña sin darme cuenta por todo ese tiempo, hasta que llegó el desgraciado día en el cual descubrí lo que realmente sucedía con ese trato. Recuerdo que una ocasión había escrito un cuento para mi próximo libro, en el cual llevaba meses trabajando intensamente, deseaba realmente convertirlo en una obra cúspide, lo mejor jamás creado en toda mi carrera como escritor, aquel cuento trataba de una mujer la cual era secuestrada por el dueño de un hostal el cual tenía la extraña afición de convertir a las bellas damas que se hospedaban en aquel sitio en estatuas de cera estando aun vivas, esa mujer había sido la primera en escapar luego de hacer que un crisol lleno de cera hirviente cayera encima del maniático propietario del hostal dándole una dolorosa muerte, aquella historia solo era una de doscientas que tenía contemplado incluir en mi próximo libro, sin embargo, un día fui a comprar los víveres al supermercado, algo raro en mi puesto que prefería quedarme sentando frente a mi computadora escribiendo las visiones de pesadilla en mi cabeza en vez de tener cuidado por cosas tan inútiles como ir por la despensa, normalmente mi ama de llaves era quien realizaba esas labores, pero como estaba cansado de tanto escribir por un día, decidí salir a distraerme, mucha gente seguro no podría reconocerme si me veían en la calle, cosa que no sucede con otros artistas como los cantantes o los actores de la televisión. Mientras estaba en la fila de la caja registradora, vi un pequeño estante con los periódicos del día, la verdad casi nunca compro el diario sin embargo esa vez hice una excepción debido a una noticia en primera plana que llamó mi atención casi de inmediato que la vi, el pueblo donde vivía era un lugar donde casi nunca pasaban cosas “interesantes” por no saber cómo llamarlas, por eso me gustaba vivir ahí, aunque al parecer esa ocasión las reglas habían cambiado y finalmente sucedió algo que sinceramente me sorprendió mucho.



 
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