Aceptemos que el adicto a lo que sea es un enfermo; si, es un enfermo incurable pero hay varias posibilidades de controlar su enfermedad: la religión, tratamiento psiquiátrico, Alcohólicos Anónimos, un ataque cardiaco fulminante (que lo saca de su adicción en forma definitiva) etc. Si el enfermo acepta que tiene un problema y asume el tratamiento, convivamos con él y ayudémosle. Si no quiere cambiar el rumbo de su vida, que triste para él y para los que tienen que soportarlo. No podemos olvidar que hay decisiones muy difíciles de tomar y, en nombre del bendito amor, miles de seres humanos soportan esa carga tan tremenda de convivir con un adicto activo.
Quiero aclarar algo: una cosa es el amor y otra nuestra dignidad, nuestro derecho al buen trato, nuestro derecho a un amor sano, sin dolor. Eso es la esencia del amor: un sentimiento que atrae a los seres humanos. En una pareja, el amor es esa fuerza de atracción, o de cohesión si se prefiere, que logra que dos seres, tan diferentes en todos los sentidos, se acompañen a lo largo de muchos años y afronten los problemas de la vida juntos, hombro a hombro, voluntad unida a otra voluntad, corazón con corazón. Una mano mas otra mano no son dos manos, son manos unidas para progresar juntos.
El amor que se fundamenta en la comprensión, el entendimiento y la ternura perdura. El amor de cama, de bonitura, de baile, de paseo, de solo goce… se acaba; porque el cuerpo se cansa, en cambio el sentimiento permanece. Si no amamos con el corazón y la cabeza estamos perdidos. La parte física es efímera, sino que lo digan los señores que ya no funcionan de la cintura para abajo.
Cuando el amor está solo en la imaginación el corazón siempre trae sorpresas desagradables. Las madres, con su sexto sentido como que olfatean las tragedias y le advierten a sus hijas o hijos con mucha anticipación: ese tipo no le conviene, mire a ver. Nada, hay que meter la cabeza y unos años después (a veces meses) la niña llega con su muñeco de carne y hueso en brazos a llorarle a la mamita y darle quejas. Ella la recibe hasta cuando el tal por cual vuelve a convencerla, le hace otro niñito y la cadena se repite, benditas sean las madres en nombre del amor. Si toqué fibras sensibles me perdonan. Son las palabras de un hombre que las quiere y las respeta. Muchas gracias por invitarme y recuerden: amen con el corazón, con las emociones y la cabeza.
Josefa
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