(mini-cuento en 200 palabras)
Trató de curar la carne del cedro amargo con su caricia tierna. Miró a su alrededor, todos los árboles tenían las marcas del plomo que taladró sus cuerpos. Caminó entre ellos con el corazón empantanado de incertidumbre e impotencia.
El joven se detuvo un instante, una flor de inírida yacía sobre las ramas que estaban pisoteadas sobre el suelo.
Levantó la flor, parecía sangrar donde el balazo le quebró el tallo.
Con paso apresurado, caminó hacia la canoa, donde ya se encontraban más hombres y mujeres Nukak. No se podía vivir en la selva de sus ancestros. Había que huir de aquellos estruendos sangrientos.
Mientras navegaban, se escucharon nuevos ametrallamientos y explosiones. Cerró los ojos imaginando al yaguar muerto. Deseo que su espíritu y el de su gente llegaran al hea, donde nadie muere ni se enferma jamás.
Las lágrimas les abrillantaron las pupilas… cantaron y lloraron su tristeza. El río que atestiguó su nómada andar, cazando y recolectando frutos, ahora vería extinguirse al hombre y la mujer Nukak.
Acercó la inírida a su corazón. Parecía seguir sangrando… ahora, al igual que la selva, había perdido su aroma y se le había impregnado el olor a guerra.
Josefa
Querida Marian: A...
Josefa
Estoy a tu lado a...
Josefa
Las palabras siem...
Josefa
Lo siento mucho, ...
A quienes sí son mad...
EXCELENTE HOMENAJ...
No te mires al espej...
QUE BUENO. - Mi q...
Tú y yo
Tú y yo
Evgeny: Dicen que...
No te mires al espej...
¡Qué bonito!
Agraciada
Como contactar - ...