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La Biblia, palabra de Dios… ¿o de los hombres? (“Seguiré viviendo” 63a. entrega) Imprimir E-Mail
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escrito por Luis Maria Murillo Sarmiento   
viernes, 12 de febrero de 2010
Índice de artículos
La Biblia, palabra de Dios… ¿o de los hombres? (“Seguiré viviendo” 63a. entrega)
Página 2

–Lástima, Amelia, que las relaciones con Dios estén condicionadas por el miedo. La gente no dice amo a Dios, sino le temo.

–Y por temor a Dios, señor Robayo, es que muchos alardean de buenos.

Aquella mañana, a juzgar por las reflexiones de José, la beata de pronto logró lo que quería, así sus pensamientos no fueran los que ella había anhelado. Qué iba a imaginar que la espiritualidad para ese guiñapo al que mostró la Biblia era más que un asunto de libros sagrados y mensajes sacros. José leía esos textos porque en lo literario le parecían monumentales, porque encontraba en ellos enseñanzas, que no dogmas, y porque le proporcionaban materia prima a su sentido crítico:

«Pensar que en la Biblia abundan las acciones que paradójicamente rechazan quienes ciegamente observan sus mandatos». Y con desenvoltura se deshacía en ejemplos: «Si no proviniera del texto sagrado, la actitud liberal de Sara a los puritanos les causaría revuelo. ¿Cómo que la esposa de Abraham, por estéril,  ponga a su esclava Agar a cumplir con su esposo funciones maritales? ¿Qué dirían si en la actualidad las mujeres infértiles mandaran al marido con la amante? Y dice la historia que el hijo de Abraham y de la esclava terminó siendo el padre del pueblo palestino; y Sara a pesar de sus años concibió. Como quien dice que fue más la satisfacción de Dios que la molestia. [...] Jacob, actuando en forma reprobable le robó a su hermano la primogenitura, y sin embargo el Señor lo hizo cabeza de su pueblo. Y con un suculento banquete de amantes, cónyuges y esclavas, motivo para indignar a un moralista, engendró a los vástagos de las doce tribus. […] ¿Quién entiende a ese Dios que deja tantas maquinaciones sin castigo y que de pronto por menos aniquila? Esas explosiones me parecen idénticas a las de los mortales. ¿Será entonces porque leen sin entender y recitan sin saber, que los puritanos blanden la Biblia ante los ojos de quienes comparten las mismas pasiones de sus personajes?».

Cuando Javier lo visitó en la noche, José le refirió la anécdota. Y el sacerdote desaprobó su encono.

–Uno yerra cuando sólo ve defectos en el prójimo. Porque nadie es demasiado malo para no albergar una virtud, ni demasiado bueno para no tener algún defecto. Esos cristianos que andan en pos de nuestros fieles, también cumplen labores admirables.

–No es su posibilidad de errar la que critico –le contestó José–, sino la ostentación de una virtud que con los hechos se desmiente.

–¿Igual de severo eres conmigo?

–Lo sería si no fueras mi amigo.

Luis María Murillo Sarmiento

Ir a: Al fin frente a la muerte ("Seguiré viviendo" 64a. entrega)

Seguiré Viviendo“Seguiré viviendo”, es una novela de trescientas cuartillas sobre la muerte. Un moribundo  enfrenta su final con ánimo hedonista. El protagonista, que le niega a la muerte su destino trágico, dedica sus postreros días a repasar su vida, a reflexionar sobre el mundo y la existencia, a especular con la muerte, y ante todo, a hacer un juicio a todo lo visto y lo vivido.

Por su extensión se ha venido publicando por entregas.

http://luismmurillo.blogspot.com/ (Página de críticas y comentarios)
http://luismariamurillosarmiento.blogspot.com/ (Página literaria)

 

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