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¿De dónde salieron los libros? Imprimir E-Mail
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escrito por Elena Ortiz Muñiz   
sábado, 28 de agosto de 2010
Índice de artículos
¿De dónde salieron los libros?
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Bibliografía

En el siglo actual hablar de libros es penetrar a un mundo fascinante al alcance de la mano y resulta cotidiano escuchar sobre obras de autores que alcanzan tiradas millonarias. Más, todo evoluciona, nada permanece estático y a diferencia de aquellos siglos lejanos en los que un libro implicaba el sacrificio de horas y horas transcribiendo una idea, en los tiempos modernos el libro como tal es desafiado por la implacable modernidad que lo enfrenta a los libros electrónicos.

Esta modalidad ha adquirido una popularidad que cada día va en ascenso. Los e-books ayudan a que menos árboles sean sacrificados en favor del conocimiento, son prácticos, llegan a todos los rincones del mundo y permiten que así como los lectores puedan tener al alcance de sus manos las grandes obras antiguas y contemporáneas sin salir de casa los escritores también alberguen esperanzas de ser leídos gracias a la bonhomía de las empresas en línea que permiten que el autor suba su texto y elija las opciones que más le acomoden para darle forma al libro que albergará su obra. Solo se imprimen los ejemplares que se vayan vendiendo evitando así que la empresa editorial gaste dinero en un  trabajo que puede no venderse.

Los amantes de los libros tradicionales lo defienden argumentando que un e-book no permite la escritura de notas al margen, no posee la calidez de un libro impreso ni permiten ese vínculo que se crea entre el lector y el texto al entrar en contacto con las páginas a través de los sentidos sin tener que soportar las molestas letras luminosas que lastiman la vista al leer. Por su parte, los que prefieren la modernidad argumentan que la literatura en papel no permite el intercambio de obras entre países con agilidad, los libros electrónicos permiten llevar la biblioteca entera a todos lados, se tienen más libros y más autores y que la difusión de muchas obras es gratuita en línea. Los neutrales afirman que lo de menos es el formato cuando se tiene a la mano la información requerida.

Quizás los más razonables sean los últimos, pues la democratización de la literatura no solo se palpa en línea a través de diskettes y memorias, sino que también se nota  en los cientos de fotocopias que fabrican ediciones ilegales de obras con derechos protegidos al servicio de estudiantes, pues esto confirma la teoría de que lo que importa es el texto en sí y no la forma de presentarlo, ya que el libro adquiere sentido siempre y cuando sea acogido en el seno de algún lector.

Basados en estas premisas la editorial O’Reilly en Estados Unidos, Questia la biblioteca más grande del mundo en línea y la Universidad Politécnica de Cataluña venden contenidos fragmentados de sus libros. El usuario decide qué es lo que necesita o le interesa y adquiere solo esa porción del texto. Los alumnos consiguen la información de manera legal a un precio ínfimo, menor al de una fotocopia, favoreciendo a los autores al evitar que sus obras queden fuera de catálogo y persuaden a los usuarios de que es mejor comprar que fotocopiar.

Finalmente es la información que contiene un libro la que le confiere un valor determinado. Existe una película dirigida por Peter Greenaway: “The pillow book” cuyo nombre alude a la costumbre japonesa de guardar en las almohadas de madera o cerámica huecas los diarios íntimos. Narra la historia de Nagiko, una japonesa educada en la literatura y la pintura a quien su padre le escribía sobre el rostro una bendición tradicional cada vez que cumplía años. Siendo adulta, adopta esta costumbre haciendo que sus amantes escriban con tinta sobre su cuerpo desnudo. Esto viene a colación debido a la idea de que en un momento dado hasta la piel del cuerpo del hombre puede ser utilizada como material escriptoreo si se tatúan sobre ella las palabras que se desean conservar apoyando así la idea de que es la información la que vale y no el medio para darla a conocer.

Podemos concluir, entonces, que la evolución de la escritura fue motivada por la búsqueda de medios para conservar y transmitir ideas y cultura. ¿Cuál es el destino del libro y de qué manera evolucionará? Eso, el tiempo lo dirá, hasta ahora el libro ha nacido y crecido siguiendo el proceso que he mencionado en esta investigación, lo cierto es que la presentación de un ejemplar no le confiere el valor que tiene en la realidad la obra. Los libros son los cerebros de los autores, y como sucede con las personas en la vida diaria, hay muchos tomos primorosamente decorados por fuera pero espantosamente huecos por dentro, otros más modestos pero que llevan en sí sabiduría infinita, los mediocres que pasan sin pena ni gloria y los intrépidos que apuestan todo a  nuevos avances tecnológicos. Y así como la humanidad evoluciona, el planeta cambia y las circunstancias se transforman el libro seguirá modificándose. El valor que posean en sí mismos lo determinará su contenido y el lector que será quien lo adopte como parte de su vida o lo deseche con decepción.

Elena Ortiz Muñiz

 


 
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