Ya eres mía Imprimir E-Mail
(4 votos)
escrito por Osiris   
miércoles, 25 de mayo de 2011
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La tribu estaba en silencio mientras comían la carne de su última presa alrededor de la fogata donde la habían asado. La selva susurraba con los sonidos habituales de los diferentes animales y el silbido del viento entre la espesura. Cada uno concentrado en sus propios pensamientos.

En el suelo se veían algunas Biblias completas y otras despedazadas; sus hojas habían servido para atizar el fuego de la fogata; las lluvias frecuentes mantenían húmeda la leña y el papel de los libros sagrados prendía con mayor facilidad que los materiales naturales del entorno.

El jefe del grupo tribal meditaba sobre las enseñanzas de la joven y hermosa misionera que llegó con un grupo de otros jóvenes para traerles la Palabra de Dios; un señor bueno que los amaba como hijos y les daría la salvación en otro mundo. Los extranjeros se marcharon a otros grupos aborígenes. Ella se quedó con ellos, los sesenta indígenas que conformaban su tribu y les enseñó muchas cosas buenas, entre ellas el amor al prójimo y las obras de misericordia. La que más les impactó fue “Dar de comer al hambriento”.

La mujer era por todo diferente a ellos: el color de su piel, sus ojos y sus cabellos; hablaba una lengua extraña pero sabía la de ellos y les enseñaba la de ella, además de muchas cosas para la vida diaria que en medio de la selva no servían para nada. Acostumbró a las mujeres a taparse los senos y los hombres, hasta ese momento ni se habían percatado de la desnudez de los cuerpos de sus hembras…

Él, en su condición de jefe, distribuyó la carne de la víctima que les había dado la naturaleza. La misionera les repetía que era la Divina Providencia, pero ellos buscaban por todas partes y no la veían, en cambio a la Madre selva y a la Madre Tierra si las veían a diario. Los huesos a medio roer, arrojados lejos, ya estaban siendo devorados por algunos animales mientras los buitres daban vueltas en el cielo azul esperando su turno.

Sonrió pensando en esa mujer tan distinta a ellos que le hablaba de amor, de  sus sentimientos por él y de la idea de llevarlo muy lejos a la Civilización. No entendió muy bien eso de soy tuya y tú mío pero, en este momento, sabía que la hermosa extranjera estaba por completo dentro de su gente. Algo de ella era suyo sin ninguna duda, pensó el caníbal mientras devoraba el último trocito del corazón de la misionera.

Comentarios
Maria Edith Matallana T.   |2011-05-26 08:37:48
!Buenísima Osiris felicitaciones! Y de que manera fue suya
lylyan   |2011-05-27 23:25:10
Osiris,demasiado obvio tu cuento,muy basico.Falta innovar,lee mas.
Maria Edith Matallana T.  - Señores(as) Lectores mas Tolerancia   |2011-05-28 06:27:57
Por favor, por favor, mas indulgencia con nosotros los escritores ¿Saben ustedes las horas, o días que tomamos delante de un texto, desde el momento que nace la idea, hasta el día que osamos publicarla?


Respuesta: Muchas horas, y varios días, así no lo crean...
vivian   |2011-06-22 21:17:32
Osiris a mi me encantó, Voto por este sorprendente cuento. Adelante!!
OSIRIS  - GRACIAS   |2011-07-06 22:36:56
A LAS TRES DAMAS QUE COMENTARON este cuento les agradezco. Las críticas adversas me hacen pensar que en algo estoy fallando y que debo mejorar, los comentarios positivos me alegran y pienso que algo esta bien.
En gustos no hay disgustos.
parra  - Hay momentos.   |2011-07-22 20:38:14
Hay momentos para todo, para odiar, para amar, para comer o para ser comidos. Cuál era su momento al momento de escribir el cuento?
monica04  - Ya eres mía   |2011-08-13 08:42:17
Querido Amigo Edgar. Te felicito. Cuando uno escribe existe una voz interna que dicta cada palabra, simplemente hay que escucharla. Así se van formando las historias.
Un abrazo a la distancia.
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