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escrito por Elena Ortiz Muñiz
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martes, 15 de noviembre de 2011 |
Fresco rocío en plena alborada luz y calor en la noche invernal frágil, fuerte, moribunda, siempre viva. De tus ojos caen con belleza sin igual perlas puras y divinas que doblegan voluntades derribando muros indomables.
Tu sexo la casa del niño perdido omnipotente, violentado, sabroso y voraz mutilado, excitante, ultrajado, hambriento refugio seguro del caminante audaz. Esas manos cual palomas levantando el vuelo ingeniosas, creativas, libres, inmensas claman justicia endurecen voluntades al tiempo que tiernamente acarician el rostro, la piel, el cabello aquel viejo anhelo . Son esas piernas fortaleza de un pueblo azotado refugio seguro del andariego adorado con paso firme recorren senderos y valles hermosas caminan con gracia celestial Tu boca humedece las tierras sedientas clama verdad, grita injusticias, exige igualdad a la par que besa y apacienta a la fiera delirante hasta convertirla en dócil y fiel amante. El vientre frágil como vara de nardo, tan fuerte como la guarida de un oso feroz capaz de hacer que un hombre, por él, pierda el aliento y al mismo tiempo engendrar vida y detener el tiempo. Eres toda tú una diosa soberbia el demonio de rostro angelical la causa de todas las guerras…la paz anhelada fuerza, amor, plenitud lascivia, pecado…cumbre conquistada Amiga, amante, esposa abnegada madre, hija, hermana entregada luchadora incansable, niña perdida Pero ante todo, la más orgullosa al saberse Mujer. Elena Ortiz Muñiz
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