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escrito por Flavia Termignoni
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jueves, 09 de agosto de 2007 |
Los granitos de arena, pasan entre los dedos de Guimar, juega con la arena entre sus manos, pensativa, reflexiona , contempla la naturaleza , la grandeza que la observa, las infinitas mariposas la rodean y se posan en su cabeza, y en sus rodillas. Su vestido tan sencillo y leve, cae y se desliza entre su cuerpo, su ropa íntima cae sobre el vestido lleno de arena . Entre los cabellos de Guimar pasa el aire lleno de sal , ella loca y pura entra al mar profundo.
Las aguas de este mar, gozan pasar entre su piel. y las mariposas celosas, revolotean a su alrededor, no soportan ver que las olas tranquilas dejen a Guimar entrar en los secretos sumergidos , gritados, ahogados , por tantas voces que fluyen en el oceano entero.
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escrito por Flavia Termignoni
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jueves, 09 de agosto de 2007 |
Esta historia es como cualquier otra, es simple y vagabunda. Esta historia es secilla , porque la vida es sencilla; la complejidad que se vive, es creada por nosotros mismos. Aquí es Marinya, la tierra de las mairposas
Se dice que esta tierra estaba totalmente deshabitada, hasta que un noche , un hombre y una mujer llegaron del mar para concebir un hijo en la playa .
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escrito por Ma. José Iglesia
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jueves, 09 de agosto de 2007 |
A veces es tan frágil el amor por la vida. Nos cuesta tanto quererla, querernos, querer... a veces pienso que todo me incumbe. Que un pájaro que vuela al otro lado del mundo batiendo sus alas, produce un movimiento en el aire que es la brisa que recibo esta mañana, que la flor que se abre en este instante alimenta a la abeja que fabrica la miel que comeré un día de estos, que la mujer que llora, que ama, que pare, seré yo, que su eco me llega, cercano, mientras duermo. A veces me siento inmersa en el centro del mundo, de la vida. Mis manos podrían llegar a tocar el glaciar que, lentamente, se desliza, el tejado de esa hermosa casa, una brizna de hierba que esconde dentro el mar, la tierra, el oso, que algún día semejante también llevará una parte de mi. A veces todo me es ajeno. Nada me roza, nada me interesa, tan solo el círculo inacabable que empieza al despertar y no termina, que se extiende infinito, inabarcable, y por el que me deslizo mirando discurrir todo lo que no soy yo. Transcurro por un camino estrecho, mis pies, mis ojos, han de mantener el equilibrio, cualquier acto, una palabra misma, puede hacerme caer. Mis oídos se cierran al dolor, tan solo mi dolor se escucha, mi pupila tan solo se dirige hacia el espejo, mis vísceras producen un sonido extraño, mi corazón casi deja de latir y se agranda, se agranda hasta no dejarme respirar. El aire se hace corpóreo, se cristaliza y no puedo oler la tierra, el mar no se mueve, los rayos de sol se esperan a la puerta de mi casa.
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escrito por Mabel Bellante
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miércoles, 08 de agosto de 2007 |
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Lo difícil de mi cara brota de un corazón alérgico a la nada me he apropiado de un atardecer, lo anudé al alma mientras los relojes se detenían y tengo una grieta incómoda entre mis brazos formando un pozo por donde se fueron mis cosas pero me falta saber cuál es la mirada de los ojos cerrados me falta buscar el tramo superior de la escalera de incendio me falta, aún, reconfortarme con el intento de lo imposible.
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escrito por Juán Ernesto Moreno García
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martes, 07 de agosto de 2007 |
Abrázame fuerte, por toda la eternidad y así lo hice sin que me temblara el pulso, y la contuve en mi pecho mientras su mirada vagaba por alguna parte de nuestro universo ya inexistente, que el flash enceguecedor nos había cerrado y había convertido en blanco y grises, nunca azules ni rojos, ni respiración ni movimiento , ni un instante para descansar de la eternidad a la que se nos había condenado desde ahí por siempre jamás, y ya no hablo, sólo con ella y ella me responde sin mover los labios, sin mirarme, porque ella no ve, y yo tampoco, con mis ojos encerrados en su cabello que brilla opacamente y que ya conozco, desde hace tanto y tan poco, que no es nuevo, y yo conozco tus brazos joven galán, me dice ella, y tu pecho es mi cama eterna, mi sepultura guardada, y ya no escucho ni tu aliento perdido ni tu corazón que llegó a latir, antes de que el brillo me encegueciera de lado, me pretificara como lo hubiera hecho la peor de las medusas griegas, y tu no eres Perseo y yo no soy tu dama , aunque así lo piensen cuando nos vean, y la ventana no cambia no refleja ni deja ver, y somos también sordos sin salvación, atados en un abrazo indiferente, que no es para tanto, le respondo, si ya somos eternos, y etéreos, me dices tú con un llantito imposible, que reprimo con mi puño cerrado que atrapa tu brazo pero no te aprieta, no sentimos, somos nada, sólo simples imágenes que de vez en cuando alguien se detiene a observar, sin mayor compromiso, sin comprensión alguna, sin pena por nuestro dolor mudo, de prisión sin rejas, de libertad que se me olvida cada día un poco más, o que ya olvide definitivamente, a pesar de conocer aún aquella palabra, que nada nos dice en este mundo pequeño, en este mundo estampado contra una pared fría que no siento pero que supongo tener a mis espaldas, tan lejos que se vuelve más que imaginaria, lejana, como un miedo a un no-sé-qué, que no sé por qué temo si ya sólo sé que la destrucción de este papel es lo único que me preocupa, aunque ya no, que más da, que acaben con nosotros, par de actores ancianos, sin salida, sin vida, sin sentido.
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