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escrito por Luis Maria Murillo Sarmiento
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jueves, 18 de noviembre de 2010 |
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Ir a: Cartas a una amante (9) Antes de ser derrotado por Cupido Mi razón está naufragando por tu causa en las ilusorias aguas del afecto. ¿Por qué no compartir contigo las atrevidas reflexiones del último acto cuerdo antes de que el arquero del amor me hiera irremediablemente? Tal vez porque conozco el éxtasis del amor desmedido, como la gélida indiferencia en que termina, he hecho presa de mis pensamientos los acontecimientos descarnados de la relación amorosa, constantemente contrapuestos al ideal ansiado.
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escrito por Elena Ortiz Muñiz
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jueves, 18 de noviembre de 2010 |
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Dedico con todo cariño esta obra a mi hijo porque en tiempos difíciles me enseñó con su ejemplo que los problemas se encaran con coraje y valentía, y que me inspiró a escribir esta historia cuando a su corta edad me aconsejó con la sabiduría de la inocencia: "Nunca pierdas la fe"... El abuelo Llegaron hacia el medio día. El calor era agobiante. Carlitos sentía el sudor resbalándole por la nuca, estaba incómodo y molesto, además, le dolía la cabeza. Mientras abordaban el taxi que los llevaría hasta su destino final, nuevamente, como sucedía a cada instante desde que partieron a España, el abuelo volvía a llenar sus pensamientos.
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escrito por Luis Maria Murillo Sarmiento
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martes, 16 de noviembre de 2010 |
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Ir a: La absurda prepotencia del adulto frente al joven ("Seguiré viviendo" 73a. entrega) El dolor me despertó temprano. La enfermera vencida por el tedio se había dormido en el sillón. En el piso estaban sus zapatos blancos; sobre el asiento sus piernas recogidas; sus brazos pegados al pecho, atrapando calor en la mañana gélida; y su cabeza flexionada, aproximando el mentón contra sus manos. Una frazada calurosa, pero mal dispuesta, escasamente la cubría. No quise despertarla y aguanté el dolor sabiendo que de todas maneras el calmante llegaría.
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escrito por Osiris
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lunes, 15 de noviembre de 2010 |
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Ir a: Yo profesor me confieso (3) Capitulo cuatro Segunda Estación Escuela Bolívar Nueva Durante el periodo de vacaciones finales y unos meses más, a velocidades alarmantes construyeron un edificio de dos plantas, con catorce salones, vivienda para el profesor-celador, antejardín y patios para el recreo. Como llegaron muchos niños, nos trasladaron a casi todos los profesores de la casa vieja y de otras escuelas a la nueva sede de la nueva sede de la Concentración Escolar Simón Bolívar.
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escrito por Osiris
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martes, 26 de octubre de 2010 |
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Ir a: Yo profesor me confieso (2) TRES Los fines de semana en mi pueblo y en mi barrio programábamos competencias deportivas atípicas como carreras de carros con ruedas esferadas (las balineras o cojinetes que les quitan a los carros de algunas partes del motor). Estas carreras nocturnas, inspiradas en las películas con pandillas juveniles de EEUU, las realizábamos de diez de la noche en adelante y no dejábamos dormir a nadie. Hasta que nuestros los padres tuvieron la genial idea de romper los carritos y quemar las partes de madera en las estufas de carbón y leña que existían en cada una de las casas y las ruedas metálicas se iban en las manos de un hombrecito pobre para construir un carrito de acarreos con el cual ganarse la vida.
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