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escrito por Elena Ortiz Muñiz
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jueves, 07 de julio de 2011 |
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Ir a: Fe, corazón y alegría (11) La moneda está en el aire A partir de ese día, Miguel, Carlitos y Bruno se volvieron inseparables. Entre padre e hijo dejaron la cabaña como un auténtico estudio de pintor. Miguel estaba decido a apoyar a su hijo en su incipiente pasión por el arte.
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escrito por Elena Ortiz Muñiz
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martes, 14 de junio de 2011 |
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Ir a: Fe, corazón y alegría (10) El Acuerdo Alma estaba en casa guardando la ropa de su padre para llevarla a un asilo. Miraba con tristeza la habitación, sabía que era tiempo de enfrentarse al mundo sin él, Bruno, recostado ahora a su lado encima del tapete, lo había comprendido, ella lo tenía que entender así también. Miguel entró en la habitación y con las manos en los bolsillos, se detuvo frente a ella, en su rostro se notaba un cambio. Alma se estremeció...
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escrito por Luis Maria Murillo Sarmiento
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lunes, 06 de junio de 2011 |
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Ir a: La dicha de evocar ("Seguiré viviendo" entrega 81) Las puertas se abrían una tras de otra al llamado angustioso de mi alma. Pero algo había en mí que hacía que inmediatamente se cerraran. El breve instante en que el interior se exponía al escrutinio de mis ojos, me ponía en contacto con un paraje tranquilo y agradable, algo así como un paisaje campestre de la mejor factura. Tras verme, el hombre bonachón que abrió la última puerta me la cerró espantado. Mis perseguidores corrieron tras de mí, y cada puerta en que me detuve en busca de refugio fue una cuadra menos en que ellos acortaron la ventaja. Un tridente ardiente empuñaba cada sombra que me perseguía. Mi palpitación retumbó al máximo cuando sentí que sus pasos se unieron a los míos.
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escrito por Luis Maria Murillo Sarmiento
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domingo, 29 de mayo de 2011 |
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Ir a: Entre el funeral y las cenizas ("Seguiré viviendo" Entrega 80) La fuerza de José mermó al extremo de ser incapaz de sostener su cuerpo. Cuando lo acompañó la fortaleza odió la idea de ser prisionero de un camastro, ahora amaba la cama de hospital que tenía compasión con su fatiga. Con sólo incorporarse el desfallecimiento aparecía, pero la molestia culminaba en goce cuando por necesidad se desplomaba en la mullida colchoneta. Hundido entre las sábanas buscaba algo amable que hiciera menos exasperante el paso de las horas. Porque ya hasta leer lo fatigaba, y escribir le exigía grandes esfuerzos. Sin embargo se daba trazas para hacerlo. Dormir era en sus postreras horas la actividad más indicada. «Dormir.... dormir, y que mi sueño se junte con el sueño de la muerte». Así la imaginaba. «La muerte ha de ser un sueño más profundo».
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escrito por Elena Ortiz Muñiz
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lunes, 16 de mayo de 2011 |
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Ir a: Fe, corazón y alegría (9) Encuentro con lo vivido Los habitantes de la casa se despertaron muy temprano gracias a los enérgicos ladridos de Bruno, Carlitos corrió asomándose a la ventana para verlo corriendo y ladrando en círculos como un loco.
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