A veces es tan frágil el amor por la vida

A veces es tan frágil el amor por la vida. Nos cuesta tanto quererla, querernos, querer... a veces pienso que todo me incumbe. Que un pájaro que vuela al otro lado del mundo batiendo sus alas, produce un movimiento en el aire que es la brisa que recibo esta mañana, que la flor que se abre en este instante alimenta a la abeja que fabrica la miel que comeré un día de estos, que la mujer que llora, que ama, que pare, seré yo, que su eco me llega, cercano, mientras duermo. A veces me siento inmersa en el centro del mundo, de la vida. Mis manos podrían llegar a tocar el glaciar que, lentamente, se desliza, el tejado de esa hermosa casa, una brizna de hierba que esconde dentro el mar, la tierra, el oso, que algún día semejante también llevará una parte de mi.


A veces todo me es ajeno. Nada me roza, nada me interesa, tan solo el círculo inacabable que empieza al despertar y no termina, que se extiende infinito, inabarcable, y por el que me deslizo mirando discurrir todo lo que no soy yo. Transcurro por un camino estrecho, mis pies, mis ojos, han de mantener el equilibrio, cualquier acto, una palabra misma, puede hacerme caer. Mis oídos se cierran al dolor, tan solo mi dolor se escucha, mi pupila tan solo se dirige hacia el espejo, mis vísceras producen un sonido extraño, mi corazón casi deja de latir y se agranda, se agranda hasta no dejarme respirar. El aire se hace corpóreo, se cristaliza y no puedo oler la tierra, el mar no se mueve, los rayos de sol se esperan a la puerta de mi casa.

A veces puedes entrar en mí, pasear por las circunvoluciones de mi cerebro, pararte un poco a observar mi proceso digestivo y la fuerza de mi corazón en su permanente tarea de no dejarme inerte.


A veces ni siquiera tus lágrimas consiguen conmoverme.


A veces puedo volar, convertirme en águila, en pez.


A veces soy una piedra, encajada eternamente en el estrato más antiguo de la más alta montaña.


A veces puedo entender todos los idiomas, descifrar todos los gestos, todas las sonrisas.


A veces no puedo hacer vibrar mi voz, concatenar mi mano y mi cerebro para que sean hermanos.

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