Consejo a un amigo muy sabio

A veces siento que necesito ayuda, que de no ser por las oportunas sugerencias de esas almas buenas que siempre me rodean, estaría flotando a la deriva en este mar de contratiempos llamado vida.

Sin embargo, en otras ocasiones, las circunstancias se tornan al revés.

Entro una tarde cargando el peso de la incertidumbre, la angustia del desamor, la tristeza de la soledad y un sentimiento inquietantemente profundo y vacío.

Era mi buen amigo Oklebursinel, el sabio, el que siempre tiene una palabra de aliento para conmigo.

'ha partido la calma' me dijo, 'estoy sin caminos a seguir, mi horizonte no tiene luz y hoy deseo que me orientes'

'que haces tu cuando te invaden las dudas?'

'como reparas tu cordura en tiempos de melancolía?'

'debo llorar?, o solo tumbarme a la bartola sobre algún maple de hojas marchitas a ver los cuervos posarse sobre mis harapos?

'es que acaso podrías tu, amigo escritor, siquiera imaginarte que ni siquiera encuentro consuelo en los ojos de mi gato sin nombre?

No, le respondí, jamás lo hubiera imaginado, pero se lo que harás.

'de veras?, tienes una salida a mi bochornoso anti-espiritu?

Claro, lee algo de Flor de Fuego, siempre funciona.

Oklebursinel agrego una nueva idea a su largo repertorio de conocimientos, salvo su momento, y se marcho alegremente por haber acudido a mi.

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