Corazón de Niña

      Llegamos al parque, y cuando vimos que solo había una hamaca disponible fuimos corriendo para conseguirla. Por suerte María es muy lenta, por lo que victoriosa, gané la carrera…y con ella la hamaca. Nada disfrutaba tanto como sentarme ahí y poder gozar de la briza en mi rostro, sentirme volar por los aires. Recordar cuando mi padre, con sus fuertes manos en mi espalda, me empujaba y me hacía llegar tan alto que sentía tocar el cielo con los pies. Pero bueno, todo se esfumó con los reclamos de María, quien ansiosa me decía sin parar:

-Abuela ¿ya es mi turno?

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