El niño y el zorro

Perdido, dentro de la oscuridad que engulle todo rastro de luz. El bosque es un lugar peligroso y más aún para el pequeño que se encuentra deambulando dentro, aunque la cuidad no está muy lejana de ese lugar, ahora mismo el niño esta llorando, grita por la desesperación que siente, pero entiende que no puede volver, la discusión con sus padres ahora fue muy mala, él no es mala persona pero tampoco es un niño ejemplar del cual todos deberían aprender. Él conocía el bosque de pies a cabeza, lastimosamente por culpa de su malestar, ahora mismo no tiene idea de dónde se encuentra.

 

Solo le queda sentarse, en el mismo bosque que recorre cada día, el mismo lugar que ya ha adoptado como su hogar, de hecho para él no sería mala idea mudarse dentro del bosque o al menos eso piensa, aun es joven, le falta experiencia de la vida y sobre toda las cosas aun no desea causarle problemas a sus padres.

 

—Quisiera que me comprendieran al menos una vez —Susurra para sí mismo.

 

Es noche, tiene rato que se puso el sol y la oscuridad engulle todo rastro de luz. Él ya está cansado ya que lleva caminando todo el rato así que se detiene frente a una gran roca. Su edad no parece ser más de 10 años, en su espalda carga una mochila llena de residuos de carne ¿Por qué un chico traería eso al bosque? La repuesta no tarda en presentarse. Un pequeño zorro  sale de entre los arbustos.

 

— ¿Qué estuviste haciendo? Se te volvió a abrir la herida —Esta preocupado pero sólo puede mostrar una gran sonrisa.

 

El pequeño animal se acerca como si fuese una mascota con su dueño y acaricia su cabeza con las piernas del chico. Ese pequeño zorro en realidad estuvo a punto de morir, hasta hace poco ese pobre animal no podía ni moverse.

 

—Como si pudieras contestarme…

 

Un día él llego con un animal herido a su casa, como es obvio sus padres lo atendieron y lo liberaron cuando mejoro. Ellos son veterinarios, tanto él como ellos aman los animales a un punto muy alto pero aun así no podían dejar que conserve al pequeño zorro.

 

—Creo que no debí discutir con mis padres.

 

Saca un plato de plástico cubierto con papel aluminio de la mochila. Le quita el envoltorio y lo pone en el piso. Su pequeño amigo comienza a comer del mismo, son residuos de carne del tipo que se queda en las sierras de las carnicerías.

 

Lagrimas caen desde sus ojos y mojan su playera mientras un sonido ahogado sale de su boca. Está llorando, no puede evitarlo. No le gusta la situación actual del mundo, por todos lados asesinan sin piedad a los animales. El pequeño que se encuentra comiendo no es la excepción. De hecho es el único sobreviviente de su familia, el día que lo encontró fue algo traumante para él. Ese día escucho un sonido muy fuerte. Por mera curiosidad fue a investigar y lo que encontró fue una madre zorro asesinada junto con sus crías, o eso pensaba ya que uno de los pequeños seguía con vida, él no lo pensó ni un segundo y fue a llevarlo a su casa. En el presente, gracias a eso, el zorro pudo salvarse pero ahora estaba solo.

 

Ve placenteramente mientras ese pequeño animal comía. A lo lejos se escuchan dos voces distintas, se trata de sus padres que lo buscan desesperadamente ya que estaba oscuro y no tenía la forma de regresar. Él al escuchar eso se alegró y comenzó a llamarlos. Tan pronto termino, la pequeña desventura del chico que por una pequeña pelea con sus padres dejo su casa.

 

—0—

 

El zorro se aleja al igual que su amo, o al menos el que ya considera como su amo. Ya le ha tomado cariño, ya que no tiene a nadie. Los zorros son animales muy inteligentes, pero este se trata solo de un pequeño cachorro que aún necesita a su madre un tiempo para poder sobrevivir.

 

Comenzó a seguirle usando sus huellas dejadas en el suelo y la luz que salía de la linterna que llevan los humanos. Aunque gracias a su vista y olfato no necesita de luz para encontrar a su presa, las siluetas a lo lejos desaparecen.

 

Corre hasta llegar al final del bosque, pero es inútil, lo que seguía ya no está. Volvía a estar solo, no era necesario seguir buscando. Su instinto le decía, no, le gritaba que se alejara y lo dejara ya que era imposible que algo tan pequeño sobreviviera fuera de su hábitat natural.

 

No le importo, continuo a pesar de no tener oportunidad alguna. Al salir del bosque, una cuidad pero una no muy desarrollada, se podría decir que hasta rural. Aquí comienza su travesía, aunque su olfato no es el mejor para rastrear a alguien, aun así puede reconocer el aroma único de aquel que considera su amo, no, aquel ser querido que lo salvo en un momento de extremo peligro.

 

No conocía para nada por donde estaba caminado, con extrema precaución anda por ese lugar. Para él solo hecho de ser capaz de ver esas estructuras gigantes ya es algo nuevo y único, desde su punto de vista era bello.

 

La felicidad no dura demasiado ya que entre una de las calles sale un animal, así es un perro. Al ver algo de mucho mayor tamaño que él mismo, no duda un segundo y se hecha a correr, pero ha reaccionado muy tarde, el perro no tarda en alcanzarlo y de un zarpazo tumba al pequeño.

 

La herida cubierta por un vendaje se abre dejando lo que la cubre con un color rojo carmesí y aunque parezca cruel el perro pierde el interés cuando este deja de moverse. Esta muy lastimado, se para nuevamente sobre sus cuatro patas y retoma su camino.

 

Un olor delicioso llega a su nariz, un lugar ambulante de comida. Por curiosidad o por hambre, se acerca lentamente pero lo único que consigue es que le arrojen agua caliente junto a un palo seguido de un grito del tendero.

 

— ¡Largo animal repugnante!

 

La vara golpea la cabeza del pobre causándole una herida mientras que el agua caliente ya estaba adentrándose en la herida y él solo puede aullar de dolor.

 

Ahora ha perdido parcialmente su vista ya que el golpe le causo un daño cebero y en el ojo derecho. Ya a duras penas puede moverse, el dolor le impide realizar cualquier otra acción posible.

 

Sin darse cuenta, su objetivo está muy cerca. No lo sabía para nada pero ya estaba a tan solo unos cuantos metros de la casa de aquel que busca con tanto esmero, pero ya es tarde, no puede seguir con vida, su pelo lleno de arena con sangre y su vista que se ha ido. Su fin ha llegado.

 

—0—

 

El chico vuelve salir de su casa, no han pasado más de dos horas desde la última vez que se vieron, el pequeño zorro mira con tristeza a su amo el cual está de la misma manera.

 

¿Te imaginas salir y encontrarte el cadáver de alguien que salvaste una vez ya?  El chico está paralizado con lágrimas saliendo como ríos de sus ojos.

 

El pequeño animal no tenía fuerza suficiente. Un milagro, aunque la muerte de aquel pequeño fue inmediata, sus últimas palabras fueron transmitidas. Su último aliento fue escuchado.

 

—Gracias, me divertí un montón estando a tu lado, me hubiera gustado permanecer junto a ti por mucho más tiempo, aunque estoy feliz con que tú fueras lo último que mis ojos presenciaron. Gracias y hasta nunca padre.

 

El niño no podía parar de llorar pero era gracias a eso, esas últimas palabras valieron más que todo el dinero del mundo.

 

 

Lloraba por dos cosas, una de felicidad ya que pudo recibir el último aliento del ser que salvo por pura casualidad y la segunda por que no podía comprende ¿Por qué los de su propia especie se esfuerzan por destruir todo? No pueden simplemente estar en paz con todo, el ser humano no es algo que deba estar en el mundo para eliminar todo y ser el rey de la cadena alimenticia, en cambio debe proteger lo que queda del lugar en donde vive.

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