El espejo

Una foto...un segundo de vida detenida.

Estás en esa foto.
Tu pelo largo, ondulado, la mirada clara y transparente. El rostro apenas joven, deja ver un presente fértil de sueños.
Te miro y me mirás. Te recuerdo y vas hacia mi, sin apurar el paso, inseguro de llegar.

Tuviste muchos dolores pero también muchas alegrías. Fuiste generoso de anhelos, libre de ideas, orgulloso de amores.
Te acordás que de chico le tenias miedo a la sirena de los bomberos? Sólo a esa sirena, vaya uno a saber porque. Quizás porque una tarde yendo de la mano de tu madrina, pasaste por un lugar en donde una casa se estaba quemando. Y viste por primera vez el fuego, el humo, el agua, el ruido, haciendo sociedad con el dolor y el llanto. Si, debió haber sido eso.
Fuiste un buen escolar, estudioso, ingenioso, divertido, aplicado al placer de aprender.
Creciste en un hogar cálido, inundado de letras, de música,de mucho amor.
Te enamorabas con facilidad, pero eras tímido y el amor lo guardabas para sí.
Te gustaba escribir, tocar la guitarra y estar rodeado de amigos.
Hiciste Teatro, te comprometiste en luchas sociales, te decepcionaste.
Amaste con pasión y te amaron sin condiciones.
No fuiste todo lo que quisiste ser, pero te esforzaste para disfrutar lo que eras.
Hoy, miro tu foto y te hablo mirándote a los ojos…

“No pude darte todo lo que merecias, pero te di lo mejor que estuvo a mi alcance. Me hubiera gustado charlar más contigo, equivocarme menos, mirarte más, caminar sintiendo tus pasos.
Ya no puedo cambiar la realidad, pero me siento orgulloso de vos así como sos ahora.
Te enseñé a reir sin pausa y a llorar sin miedo. A ser solidario, a enojarte menos, a estar dispuesto a aprender, a intentar enseñar… a creer.
Ahora, que el reloj de arena de la vida está más lleno abajo que arriba, te miro en esa foto y te digo: hice lo que pude Franz.”

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