Lluvia en ciernes

La carretera estaba vacía, el viento casi huracanado había hecho escapar los coches del lugar, el sabía que era imprudente seguir por allí, en cualquier momento se desataría la tormenta, pero no importaba, debía de huir, escapar de las alucinaciones que lo perseguían desde la noche anterior.

Aquella noche había estado caminando por las calles de su vecindario ya tarde por la madrugada, tenía insomnio y fue a dar un paseo para sentirse cansado. En medio de una de las calles vacías vio un destello, en media calle y casi a la altura de sus ojos, pensó en un cable de luz caído, pero no vio nada mas que nuevos destellos que empezaron a surgir de la nada y a la misma altura, de pronto como si se corriera un invisible velo en medio de la calle, pudo ver una imagen como si de una pantalla se tratase, vio la misma calle pero iluminada por el sol, aunque mas alejada, como si estuviera en el aire, vio los alrededores que tan bien conocía por vivir allí tantos años y distinguió las nubes, nubes inmensas, negras como la noche y las vió descargar su furia, una furia imposible, el agua caía como mazasos de agua sobre las cosas, rompiendo y destrozando, no dejando nada en pie. Y el mundo que conocía se inundaba.

La última imagen clara que distinguió fueron los restos de un avión en la colina

Vio casi al último, cuando el velo comenzaba a cerrarse, el reloj de la destrozada plaza y ahí supo que la tormenta vendría a las 9:48 y eran ya las 4:15.

No lo tomó en serio, aunque le impresionó lo suficiente para pensarlo un poco, pero decidió pensar que era producto de su insomnio.

Llegó a casa, se acostó y durmió casi enseguida.

Despertó a las 8:55, miró el reloj, pensó en su alucinación, la deshechó y luego de prender el televisor se fue a bañar.

De regreso de la ducha las noticias hablaban del accidente de un avión en la colina cercana a la ciudad y de fuertes vientos que habían causado el accidente.

El miró la tele y vio la misma clara imagen del avión accidentado que había visto en la noche. La misma.

Su reloj marcaba 9:29, miró la tele, el avión y solo atinó a vestirse y subir al coche para salir de allí.

Mientras conducía llamó a todos sus amigos rogándoles que abandonaran la ciudad con sus familias, pero todos lo tomaron por loco, solo eran vientos y una lluvia, qué mas podía pasar. Además, las autoridades habían declarado que era mortalmente peligroso salir a conducir a causa de los vientos que podrían volverse huracanados.

Asi que ahora conduce por la libre carretera, pensando en las imágenes de sus alucinaciones nocturnas, mientras las nubes negras llegan por el otro lado de donde hacia el va.

Son las 9:47

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