Miedo

Sobre la ventana de mi cuarto existe una sombra. Los cuervos nocturnos suelen venir a saludarla. La picotean y se van. Algunas veces son varios y terminan despertándome a la hora del diablo, cuando la noche susurra voces melancólicas y profundas en lo mas recóndito de mis pesadillas.

Algunas de esas veces el sueño escapa y me quedo mirando a la ventana imaginando qué induce a los cuervos a buscar la sombra y darle ese picotazo en medio vuelo, otras veces los oigo entre sueños y me imagino bajando los escalones infinitos que me llevaran a la barca de la que no hay regreso. Cada picotazo un escalón. Cada golpe una caída y la sombra es noche profunda.

Cada golpe una voz, cada voz un grito y cada grito me llama.

Un pié que cae, el escalón que no veo pero que imagino. El momento que no hayan mas escalones caeré y tengo terror a la caída, se que no lograré levantarme si lo hago. Cuando los golpes se detienen el sol aturde mis ojos y despierto. Otra noche sin caer.

He llegado a temer a la noche, no llego a descubrir a lo que forma la sombra. Solo existe cuando el sol cae y llega la luna.

Los sueños de peldaños infinitos me atrapan, me secuestran, y no logro zafarme de ellos.

Alguna noche he de caer... lo presiento.

Los golpeteos vuelven duros y fuertes, el batir de alas son aplausos a mi locura. Libros negros de alas negras, escriben mi destino en una ininteligible clave morse que describe mi destino.

Quiero despertar a los golpes, no dejarlos entrar en mi pesadilla onírica constante y circular de peldaños que bajan y bajan. No creo en el infierno pero a él me llevan.

Caronte es amigo mío, lo imagino descarnado mirando por sus vacías cuencas en dirección a la escalinata por donde mis pasos resuenan. Esperando, siempre esperando. Coleccionista de almas en barca vacía.

Despierto al sol con una piel sudorosa y una garganta seca.

Piel y garganta no son mías. ¡Yo no creo en aparecidos!.

Los golpes han abierto una rendija en la pared sobre la ventana, solo una, los golpes son solo en ese punto, en uno solo. 

La noche me traga entero mientras mis ojos somnolientos perciben, mas que ver, la rendija que se abre a cada golpe. 

El sueño me rapta, no quiero ir con él pero me lleva al profundo lugar de mis pesadillas.

¡Oh noche!, ¡oh sombra!,¡oh sueño!, ¡déjenme!, ¡no soy nadie!

Perturban mi vida y contraen mi alma. Me quitan el descanso y vivo bajando escalones en mi nocturna realidad.

Ahora temo, el sueño es profundo, las voces reales, la rendija deja pasar a la sombra. 

La sombra cae en mi regazo, la siento sobre mi, aprisionándome, los golpes enloquecen en la pared sobre la ventana, el batir de alas es casi ensordecedor.

Yo sigo bajando escalones y caigo...

Caronte es amigo mío, su mano descarnada me sujeta los cabellos y tira de ellos sin piedad. Me arrastra. Yo peleo, mas nada logro. Es fuerte, mas que yo. Y miro la escalinata por donde he bajado y el batir de alas baja también por ella. 

Son miles cuando salen hacia Caronte y yo. Mi alma se despega de mi cuerpo, Caronte me la a arrancado y me lleva sujeto...

El batir de alas se adueña de mi cuerpo y pierdo los ojos. Abro la boca para gritar y pierdo la lengua. Los golpes me deshacen uno a uno. 

He caído en la barca y Caronte acerca su calavérico rostro al mío, me mira, abre la boca y de un mordisco me quita la mitad de mi etérea cara. Lo miro tragarse mi pago por sus servicios.

Mi cuerpo allá tirado entre en medio de la noche es solo un despojo que sucumbe al batir de alas y los picotazos/golpes.

La barca me lleva a la profunda noche. Tirado en el fondo, Caronte, mi amigo, se acerca a ratos y me quita de un mordisco otro pedazo de mi alma...

 

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