Nefelibata

Te veo, más allá de la lejanía de mis sueños caminaba junto a ti, junto a la desierta carretera que fue cómplice de nuestras conversaciones simplonas, venteaban corrientes de aire que me congelaban la piel entera, pero no tenía frío, el etéreo velo blanco de nuestro mundo material se difuminaba al tacto con tu hermosa figura, pero sentía la cálida sensación de tu sonido.

Escuchaba tu voz, me desprendía del suelo y me llevaba por mundos que yo jamás hubiese concebido, me hablabas de tu día y tus notas melifluas me llenaban de calor, me sentía en una burbuja, el mundo se caía sobre sí mismo pero emitías un aura que me iluminaba el camino, me tomaste la mano y caminaste junto a mí, me sentía invencible.

Albas y crepúsculos presenciamos, hermosos y cortos se me antojaban, como el efímero tiempo cuando estoy contigo, pero ahora es diferente, mis palabras no llevan un doble sentido, nuestro tiempo aquí expira. Nos dijeron juramentos de nuestro destino y nos lo narraron sempiterno, ahora nos damos cuenta de que el largo sendero es oscuro no por coincidencia y la nieve ralentiza los pasos, tu fuego interior contagia mi cansada voluntad y derrite la blancura del asfalto.

Mis piernas se dan por vencidas igual que las tuyas y los corazones nos piden un desahogo, la luminiscencia de la luna nos cobija con su manto de tranquilidad momentánea pero copiosa era la nevada, con los cuerpos sometidos por el cansancio y derramados sobre la nieve me tomo un santiamén para sentirte, las coyunturas que nos trajeron hasta acá me obligan a pensar que no te volveré a ver y no puedo evitar el intento de memorizar tu rostro, añoro el “ojalá no”.

Odiaba el desenlace que se pintaba poco a poco y tú me mirabas directo al alma con esos ojos que me gritan te amo, lloraron un par de gotas que cayeron sobre mi mano, te besé por última vez y apresuramos la conversación reprimida, la tranquilidad que me regalaste fue inconmensurable y ahora que está todo en silencio siento algo desprenderse de mí, la respiración se me entrecortaba, tomé tu mano y te prometí esperar por ti en nuestro cielo.

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