¿Que se hace cuando la inspiración se ha comido a si misma?

Contarlo tal vez como sucedió será mi respuesta. Sin invenciones ni florituras de lenguaje. Tal vez así resulte algo.

Te vi en la noche, mientras paseaba mi adorada mascota. No importa la hora que llegue a casa, lo saco siempre a la calle a que haga sus "cositas".

Tenías puesto un impermeable negro y caminabas en la acera de enfrente mi mascota te vio primero y se acercó corriendo a ti, raro porque nos e acerca a nadie.

Lo miré extrañado y sorprendido, mi perro no se acerca a nadie, es huraño por naturaleza. 

Lo dejé hacer, y acercaste tu mano a su hocico,te lamió los dedos, movió la cola y se paró de dos patas. ¡qué feliz se veía!

Te agachaste y dejaste que se apoyara en ti.

No sabía si acercarme o no. Estaba aturdido.

Levantaste la mirada y me viste, tus ojos grises se clavaron en los míos. 

Me invadió un miedo irracional. Quedé paralizado por tu mirada.

Volviste a mirar al perro y te erguiste. Él te miró y le hiciste una seña para que volviera a mi. Lo hizo, girando la cabeza para no perderte de vista.

Bajé la mirada para ver acercase a mi perro y cuando la levanté ya no estabas. ¡Por ningún lado!

Me agaché a acariciarlo y cuando me miró vi que sus ojos se habían vuelto tan grises como los tuyos... Pero esa mirada no me aterrorizó, en lugar de eso me enterneció al punto de casi ponerme a llorar...

Me incorporé y sentí que podía caminar libremente.

Volví a pensar en ti y el terror que tu mirada causó en mi. Lo comprendí recién... Te había visto con deseo, con un deseo animal que me provocó tu soledad en la madrugada de las calles vacías, el alcohol en mis venas y tu cuerpo que descubrí semidesnudo bajo aquel impermeable negro.

El instinto me provocó el querer atacarte justo cuando me dirigiste esa mirada.

El demonio en mi quedó aterrorizado, acababa de conocer a un ángel...

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