Al lado de la casa del pintor

     Es muy común que en los pueblos chicos, los nombres de las calles se guarden cuidadosamente y celosamente en el plano de la ciudad, y en los registros municipales. Además los apellidos muchas veces se ignoran, conociéndose al ciudadano por su apodo, u oficio.

   Cuando preguntamos donde vive el señor Pedro Gutiérrez, posiblemente la persona entrevistada, me mire fijamente a los ojos, como diciéndome ¿Quién es ese?

    Pero si le cambio el contenido a la pregunta, y le digo: ¿Dónde vive el albañil morocho, al que le llaman el Petiso? Seguramente tendré con exactitud la respuesta. “Ese albañil que Ud. busca, vive a la cuadra del boliche del rengo Pocho, y la casa está pintada de amarillo, con un árbol de paraíso al frente de su ventana”

    Cuando llego al boliche indicado, me atiende gentilmente su propietario, que me indica: “La casa del petiso es la amarilla.  Antes estaba pintada de rosado, con un ventanal de madera, con muy poca pintura. Al lado vive el zurdo que se dedica a comprar y vender botellas, y es cuñado del que vive en la esquina, el tartamudo Flores.”

   Al día siguiente tuve la necesidad de buscar una señora para el servicio doméstico de mi casa. Mi vecina la señora Juana, me indica que según le contó el almacenero de la cuadra de su suegra, una joven mujer que le dicen “la colorada”, anda buscando trabajo. Mi preocupación era saber como buscar a esa joven. Cuando le pido información más concreta, me dijo que hablara con el almacenero. Según mi vecina el almacén se llama “Todo es una pichincha”, y está ubicado en el barrio sur, muy cerca de la escuela pública.

   Decidido a encontrar el almacén indicado, llego al taller de calzado “La hormiga”, quién expresa con muy poca claridad como localizar el almacén de referencia. Luego de hacer varias cuadras encontré el misterioso comercio, para luego tener la posibilidad que me indicaran el domicilio de la joven doméstica.

    El comerciante muy amable y gentil me indica como llegar a la joven, a la que posiblemente  yo busco. Sale a la vereda, levanta su brazo derecho, y me dice:” ¿Ve aquel cartel de refresco en el poste de la corriente eléctrica? Bien. Ud continúa por esa vereda, cuando llega a la esquina, encontrará una humilde casita de portón rojo, esa no es. Deberá seguir unos metros más abajo, y preguntar”. Agradecí al gentil hombre, y comencé mi periplo de búsqueda. Después de un buen rato, logré encontrar a la joven buscada.

   Cuando llego a la estación de servicios a cargar combustible, observo que la cubierta de mi rueda delantera derecha, estaba un poco baja. Le pregunto al pistero donde podía encontrar una gomería, para hacerla revisar. Con tanta mala suerte que el pistero de turno, era el tartamudo Rodríguez. ¡Qué lucha mi Dios, para comprender su explicación! Se retira el cigarro de su boca, respira profundo y me dice: “El go, go, gomero co,co,nocido es Ju, Ju, an.” Le agradecí las buenas intenciones, explicándole que con su nombre recordaba la ubicación de la gomería. ¿Cómo encontrar al gomero Juan? Como tenía necesidad de pasar por la carnicería, pregunté a su encargado donde era la gomería de Juan. Es fácil me indica el carnicero. “De la plaza de abajo, hace una cuadra hacia el río, y va ver cubiertas en la vereda. Generalmente Juan está sentado en una silla de madera con asiento de carda.”

  Esta localización fue más sencilla, pero aún me restaba averiguar por un lustrador de muebles, para refrescar el lustre de un juego de comedor.

   Charla va, charla viene, logré que alguien me indicara como encontrar al  lustrador. Don Suárez un retirado carpintero, fue quien con su memoria algo detenida en el tiempo, y la paciencia de un jubilado, diagramará la búsqueda del artesano.

   Con voz pausada y algo ronca a consecuencia de años de fumador, me decía: “Mira muchacho. Por mi experiencia de cuarenta años de oficio, te recomendaría al sordo Pereira, que no se si vive actualmente. De lo contrario podía ser el retobado González, que según me dijo su cuñado, está viviendo en una modesta vivienda del barrio El Chaco.” “Don Suárez ¿Ud. no conoce la calle donde vive? “Muy bien no me ubico, pero en la esquina de su casa había instalado un kiosquito de golosinas”.

  Con la máxima paciencia salí en la búsqueda del kiosquito, para luego preguntar por la casa del señor González.

   Cuando logro visualizar el improvisado kiosco, estaba vacío. Pero en esos momentos un chico jugaba a la pelota en el campito, y le pregunté si no conocía al Sr. González, lustrador de profesión. ¡Ah! Dijo el chico, “debe ser el retobado, que vive en la cuadra de abajo, en una casita pintada de azul, con una verjita de madera verde”. “No se puede perder señor, su perro, siempre está sentado en la puerta”.-

  Después de varias averiguaciones  me encontré con el tal señor González.  Sentado en el patio de su casa tomando mate, demostrando despreocupación de lo que pasaba a su alrededor, tuvo la gentileza de escucharme. Le informé del motivo de mi visita y me dijo: “Yo no trabajo más. Ahora recibo una pensión del  Estado, y con eso me alcanza. Le indicaré quién le puede hacer el trabajo. El garufa García, aprendió conmigo, y seguramente ahora esté sin trabajo. ¿Dónde vive le pregunté? “Me parece que en las nuevas viviendas económicas que hicieron en el Barrio Nuevo. Ahí le van a indicar.”

   Agradeciendo nuevamente su gentileza, me retiré del lugar.

   ¡Qué sabiduría de alguna gente!. ¡Qué filosofía de vida me enseñaron hoy!. De que sirve ser tan locuaz, si con pocas palabras expresadas en el lenguaje callejero, llegas al mismo lugar.

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