Como no

Pues igualmente me gustaría empezar a decir estoy aquí de nuevo, o no sé, cosas así. Pero le reloj avanza como siempre, veo las sillas y siento que alguien ya estuvo sentado ahí, a pesar de que ya no hay nadie. Escucho el grito seco del atardecer, me voy a acostar, mis rodillas están frías y secas, y pienso que mañana será un día mejor. Despertar con el grito de la vida a las dos de la mañana. Me levanto a orinar y a tomar agua pero que cosa tan mas extraña. No quiero decirte que ya no te quiero ver más. Es solo que tú sabes esas cosas: necesito mi espacio y nada más.

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La imperdonable fugacidad de la belleza

Su condición de transitoria es irreversible y por eso, de tan valorada, será luego menospreciada cuando muy pronto repliegue y decline. La belleza es de una efímera vigencia, poderosa mientras refulge con su esplendor, pero víctima, al fin, del verdugo despiadado del tiempo. Con un futuro previsible de ocasos y nostalgias la importancia de su pasado será nula una vez olvidada su extinguida lozanía, símbolo del placer siempre perecedero. La...

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Desamorado de oficio

Con cierta arrogancia de la conciencia mi razón se distanció de los sentimientos y resolví matar a un amor al que presté demasiada atención. Sepultarlo a tiempo impidió que se consagre único y persistente. No es mi estilo como habitual acopiador de conquistas al por mayor. Aún así, percibí el sabor amargo de su pérdida luego de considerar, a mi amante circunstancial, una propiedad privada, aunque impedida de...

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De mi fe...

Solo he andado en este valle de injusticias, de lamentos, de sueños rotos, de aparentes metas logradas, de fracasos y desilusiones. Solitario y pensativo en una jungla de tristeza en la que, de vez en cuando, ha salido a relucir alguna que otra sonrisa. ¿Solo? En este mar de posibilidades invisibles, tan lejanamente cerca y tan imposiblemente fáciles de lograr. Con el llanto derivado de la impotencia, por no poder hacer esas cosas que se “hubieran&rdquo...

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La cita

Te conocí  bajo el desvencijado alero de una tienda mientras se deshacía la noche con la lluvia, y éramos apenas fútiles siluetas salpicadas por el chasquido del agua azotando las baldosas. Ajena, tu presencia me ofrecía sin embargo una inadvertida cercanía en el andén de aquel improvisado refugio en el que coincidimos. Estabas húmeda y trémula entre el frío y la espera. No sé si sentí tu soledad o...

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De filosofía

No he visto a nadie; habíamos bajado las escaleras apresuradamente para tratar de subir al metro que en ese momento se encontraba en la estación; no lo conseguimos. -          Me voy a perder la telenovela.-          No que ibas a jugar. -          Eso siempre lo hago. Ya era demasiado tarde; mientras que por encima de la barda de...

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La casa habitada

Para aquellos que negaronsustentarse en tu vida. La casa habitada era silente, secreta por saltos ajenos a la realidad. Hacia falta en el ambiente la figura exacta de los padres, sin embargo, la presencia de los hermanos, espaciaban la genealogía perpendicular cuadro a cuadro, esquina a esquina, aún así, resultaba extranjera e infecunda la gratitud de sus vidas. En el patio, más al fondo del pasadizo empedrado, residía un pequeño huerto con...

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Elegía primera

-           Pongan atención amigos y amables pasajeros, no es mi intención quitarles su tiempo más el ímpetu me obliga a detenerlos en esta estación de Pino Suarez,  para narrarles está historia, este escrito que quiere llamarse poema: Dentro de la hora el sol me acompaña,ignorando en las campanas deshonrosa falta,alejándome de la luz amada;zarzuela fecunda puesta en la mesa....

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Hiatoria

-          Te vas a regresar. -          ¿En qué estación estamos? -          En la lagunilla. -          Para este entonces, me queda más cerca el metro Garibaldi.-          Te irás hacia Buenavista con Sandi....

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